Cara de guerra

Mikio Obuchi
0
74
sefies, caras

Usualmente solemos hacernos una imagen de cada quien, les ponemos una voz, un carácter, una manera de ser. Y quizás las más de las veces queremos que la persona se ajuste a lo que creemos ver en la persona.

Cuando me saco una selfie (qué pensaban, ¿que no hacía esas sonseras?) se me hace casi imposible sonreír de forma natural, así que suelo salir con expresión seria, marchita, digna de santo de iglesia victoriana (mueve más el miedo que la fe). Así que cada que pongo una selfie en mi perfil no falta alguien con la ya clásica expresión: “qué seriedad” (como si fuese algo malo). Esta opinión sobre mi expresión, al parecer, no reconoce mi incapacidad de sonreír frente a una cámara (Roland Barthes decía en La cámara lúcida algo así como: veo una cámara y poso. No veo el problema que mi pose sea con cara de estreñimiento; al igual que Barthes, no la puedo evitar).

En fin, como sea, cuando por alguna razón tengo una foto donde sonrío, debo confesar que o es forzada (tengo un elegante juego de sonrisas forzadas para exhibir) o es que no me enteré de que me tomaron la foto (lo que me agrada en cierto sentido porque significa que sí estoy sonriendo). Lo curioso en este último caso (el de la sonrisa) es el comentario respectivo: “Súper esa pinta, ese es el… que debe estar siempre”. Lo cual fue muy oportuno para mi hábito porque me vino otro ataque de preguntas.

¿Por qué la pinta? ¿La cara de pocos amigos no soy yo? ¿Quién es esta persona para asumir que una sonrisa casual es la imagen que debo mantener? ¿Por qué les interesa tanto la expresión? ¿No sonreír es un pecado? ¿Por qué debo sonreír si el mundo está para el perro? ¿Qué significa una sonrisa? Entre preguntas mal tendenciosas y preguntas, me pongo a pensar por qué algunas personas requieren una imagen estabilizada de cada quien, tanto les molesta ver a alguien fuera de una convención, son tan superficiales que se dejan hipnotizar por el dicho: una imagen vale más que mil palabras.

Lo cierto es que usualmente solemos hacernos una imagen de cada quien, les ponemos una voz, un carácter, una manera de ser. Y quizás las más de las veces queremos que la persona se ajuste a lo que creemos ver en la persona. Ahí es donde surgen esas peticiones por una expresión (quería poner problemas, pero… ahh, ya lo puse); también surgen del estereotipo social, es decir, todos queremos ver a nuestros allegados como ganadores que sonríen hacia el futuro, dispuestos a poner estoicamente la cara a los problemas (jajajajajajaj, ni yo me la creo jajajajaj).

Acaso olvidamos que lo que se ve es una parte de lo que “es” y lo que “es” posiblemente sea muy lejano de lo que creemos que “sea” (vivan los trabalenguas). Al final, somos falibles humanos que tenemos nuestros sueños, esperanzas, habilidades, defectos, etc. Y sí, algunos ponen la cara adecuada al gusto del mercado; está muy bien. En cambio, mientras hallo mi dispositivo interno de sonrisa honesta, seguirán viendo mi cara de “San Seco sin Gracia y Poco Humor”, a pesar de que solo soy yo.

Muchas veces lo que ves no siempre es lo que ves; muchas veces pedimos lo que queremos, pero olvidamos que quien está ahí es desde ya él mismo. ¿No es un poco egoísta pedirle que sea lo que queremos que sea?

La verdad, dudo que cambien la particular cara de estreñimiento de mis selfies; en el fondo no me importa mucho la expresión, mientras me dejen ser y mostrarme como puedo: un ser incapaz de posar adecuadamente frente a un lente. Al final, la pose no es el “ser”, sino una forma de mostrarse que mucho o poco puede decir del “ser” de cada quien. ¿O no?

 


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
Si quieres apoyar nuestro periodismo aporta aquí
Qr dat0s