Genialidad editorial

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El pasado 26 de mayo murió el presidente de Editorial Abril de Brasil y el más grande editor iberoamericano de todos los tiempos. Fue sin lugar a dudas un maestro en el arte del periodismo.

 

Roberto Civita construyó uno de los imperios periodísticos más grandes del  planeta. Una de sus principales publicaciones, entre muchas otras, es la revista Veja que cada semana aparece en Brasil con 1.3 millones de  ejemplares es la segunda mayor revista semanal de noticias del mundo, sólo superada por la revista Time- fue crítica de todos los gobiernos.

Civita lanzó Veja y la dirigió edición tras edición desde el 11 de septiembre de 1968 hasta el domingo 10 de  febrero de 2013.

Entre otras publicaciones exitosas del mismo grupo están Caras, Helth Men, Play Boy, la revista deportiva Placar y algunos otros títulos. Una de las últimas apariciones públicas de Civita fue el domingo10 de febrero en el carnaval de Río de Janeiro. Al día siguiente, Civita se internó en el Hospital Sirio-Libanés para aplicarse un stent en la aorta abdominal, en una operación programada y supuestamente de bajo riesgo que imprevistamente derivó en tres meses de terapia intensiva, sucesivas operaciones y fi nalmente su fallecimiento a los 76 años.

Genios editoriales hubo muy pocos y de la envergadura de Roberto Civita. El genio editorial más admirado por Civita era Henry Luce, el fundador de la empresa que hoy es Time/Warner y creador de la primera revista de noticias, Time. Coincidencias con Civita: Luce también murió a los 76 años cuando la revista Time cumplía 45 años, la edad actual de Veja. También a los 76 años y por un aneurisma de aorta murió otro de sus genios más admirados: Albert Einstein.

Civita estudió física nuclear en la Universidad de Rice, en Texas, y le gustaba mucho, pero al saber lo suficiente para comprender que nunca se destacaría en esa materia, y como “quería contribuir a cambiar el mundo”, decidió graduarse en la mejor universidad de periodismo: Columbia, de Nueva York (en la que además hizo un master en Sociología); y en la mejor de negocios: Wharton, de Pensilvania.

Las anécdotas de Civita siempre eran muy divertidas. Contaba, por ejemplo el día que fue a informarle al presidente de Brasil, por entonces José Sarney, que iba a invertir en televisión. Dice que Sarney lo miraba excitado pensado que por fin alguien le haría competencia a Globo (sin equivalente en Bolivia) hasta que Civita le explicó cómo sería la televisión por cable (Editorial Abril fue pionera en Brasil a fines de los años ochenta en la TV por cable). Ahí, Sarney se desentusiasmó: “Ah, entonces usted no va a hacer programas de mucha audiencia… si este tipo de TV sólo será masiva en el futuro no tendrá ninguna importancia electoral actual”, y rápidamente Sarney se desinteresó.

El tenía frases como “mientras que los periodistas no llevamos ninguna ventaja en mentir porque más tarde o más temprano eso acaba con nuestra credibilidad, los políticos son entrenados para mentir y cuanto más y mejor lo hacen más evolucionan en sus carreras”.

Su mensaje era que en este duro pero apasionante afán de hacer periodismo hay que levantarse todas las veces que fuera necesario. Su consejo: “Nunca desistas; cuando se aprende, un error es apenas una parada en el camino del acierto. Errá mejor la próxima vez”.