Woodstock: la utopía de las flores y la igualdad 50 años después

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Este 2019 se cumplen 50 años de la realización Festival Woodstock, el mítico encuentro musical que tuvo lugar desde el 15 hasta la madrugada del 18 de agosto de 1969 y logró un récord de asistentes que hizo que pasara a la historia: se habla de entre 400 y 500 mil personas. Ahora, para conmemorar las cinco décadas del multitudinario encuentro se hará una edición especial: será el 16, 17 y 18 de agosto en Nueva York y confirmaron asistencia Santana; Robert Plant; John Fogerty y David Crosby, entre otros.

En plena guerra fría, Estados Unidos se erigía como el imperio de la vanidad. Una sociedad de consumo, brechas raciales, de género, pobreza y desempleo, empezaba a desencantar a la juventud. Gracias el conflicto de Vietnam, había caído en lo más bajo del genocidio, después de su intervención armada para impedir que el comunismo se expanda. Los asesinatos de la familia Manson a Sharon Tate y Labianca, los decesos de Martin Lutherking y Robert Kennedy empañaban de luto y desconcierto a una nación.

Contra la frivolidad del sueño americano, se levantaba el jardín de una generación que desechaba los valores de sus padres. Hijos de la posguerra, nacían los soldados de las flores, sobre los huesos que habían dejado sus antepasados, tras la firma del pacto de Yalta en Crimea. Hijos desobedientes de un sistema que impulsaba la carrera por la ambición y la codicia, ellos renegaron de su condición servil para propagar la paz y el amor, que sus padres habían dejado en las trincheras.

El sueño de una sociedad igualitaria se pronunciaba en su discurso contra las armas, a favor de los derechos civiles, la paz y la libertad. Entre las múltiples manifestaciones de la contracultura, el movimiento hippie fue el canto romántico del cisne. Un retorno efímero a la naturaleza y al amor libre para encontrar sus raíces en un pasado precristiano y primitivo. Contra la propiedad privada, se levantaban jóvenes que parecían ser los seguidores de Jean Jaques Rousseou. Los hippies evocaban la utopía del salvaje que se rebela contra la civilización.

1969 no fue un año cualquiera.

La llegada del hombre a la luna y la protesta en la convención del partido demócrata de Chicago, fueron algunos acontecimientos que marcaron el imaginario colectivo. Woodstock no pasó desapercibido: fue el primer festival masivo de rock, donde se congregaron los disidentes del sueño mercantil. Era la oportunidad para que el espíritu salvaje de la juventud se haga presente en las tribunas.

Cuatro soñadores de 25 años se aventuraron a organizar esta fiesta, que conjugaba el entusiasmo musical juvenil con la manifestación política. De ahí que Woodstock haya sido un festival generacional. John Roberts, Joel Roseman, Michael Lang y Artie Kornfeld, habían preparado el evento durante nueve meses, al invertir unos US$ 2 millones en su despliegue. La “Woodstock Music & Arts Fair” fue una celebración a la vida que tuvo lugar en la granja de Max Yasgur. Un terreno con campos de alfalfa que fue alquilado por US$ 50.000.

Los artífices de Woodstock hicieron publicidad en 250 revistas underground de Norteamérica; instalaron un escenario de 30 metros, con cuatro gigantescas torres de andamios para los proyectores, equipos y consolas musicales; kilómetros de alambrado, más 600 servicios higiénicos para los asistentes.

Durante tres días, el retorno al paraíso de Rousseau se hizo posible a través de la música. El 15, 16 y 17 de agosto de 1969, hace 50 años, medio millón de personas se congregó en el terreno de la granja de 240 hectáreas, cerca al pueblo de Bethel, dentro del estado federal de Nueva York, para fumar yerba, hachís, hacer yoga, meditar zen y volar con la música de líderes contestatarios. Se habían anunciado 33 grupos y solistas más o menos famosos, aunque aún no de la talla estelar de los Beatles, Bob Dylan, Led Zeppelin o de los Rolling Stones. Este hecho daba una salida incluso alternativa a la industria musical. Artistas poco complacientes con las masas, parecían hablar el idioma de una juventud rebelde, que estaba cansada de la guerra.

The Who, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix, Santana, Janis Joplin y Joe Cocker fueron algunos de los artistas que tenían un público modesto, hasta que ascendieron a la cima del rock, tras la publicación mundial de las grabaciones, que constan de dos discos y una película. La entrada de los precios valía US$ 7 para un día y 18 para los tres. Ya desde la primera jornada, una multitud de 200.000 personas sobrepasó las expectativas de los organizadores sobre el festival. Kilométricas filas de coches y de conglomeración humana se amontonaron, para paralizar el tráfico.

Pronto los alimentos escasearon para la población y las instalaciones sanitarias se descompusieron. Las dimensiones del festival trascendieron toda expectativa, hasta el punto de que las familias de los granjeros de Bethel y White Lake vivieron la irrupción de masas como una invasión que descompaginó su idilio de vida campestre.

No todo salió como se planeó, dentro de la logística de la organización. Al final, el rancho de Yasgur aprovisionó de leche y queso a los participantes. A la par que alimentos fueron arrojados desde helicópteros para alimentar a los “hijos del bienestar”, durante los dos días últimos del festival. Los 4500 vatios de instalación de sonido apenas lograron que la música vaya más allá de los oídos de espectadores de las primeras filas. Mientras que los demás sólo pudieron imaginar o cantar la música de protesta que llegaba a ellos como un susurro lejano.

La película que registra la memoria del festival dividió las opiniones. Unos ensalzaban el mito de una fiesta de la paz mundial, que mostraba el camino a una sociedad libre, como había soñado Marx. Los otros condenaban la visión de Woodstock al ver un producto cándido y light de los hijos de Coca Cola. Escritores ultra reaccionarios e intelectuales de izquierda rechazaron el festival, al considerarlo demasiado frívolo y peligroso. Se lo vio también como un movimiento de masas desviado hacia el servicio del explotador capitalista.

A pesar de los desperfectos, el festival tuvo la soberanía de un espacio de convivencia. Los hippies fueron el tema mediático que ocuparía la portada de la revista Time. En esta fiesta, hubo un paréntesis Time bautizaría el evento como la “comunidad cristiana primitiva”, mientras que Jerry García, guitarrista y líder del grupo Grateful Dead lo calificó de “ciudad épica y bíblica”. Los medios reaccionaron ante el acontecimiento, pero no lo promovieron de inmediato.

Los visitantes del festival festejaban la autonomía de una nación propia, de un poder equitativo que “compartían sin violencia”. (Schmitt: 1994: 78) La música integraba a la juventud para criticar la guerra, el racismo y toda manifestación de discriminación o violencia.  Dieter Baacke, en su libro Beat: La oposición silenciosa, que salió a tres años de Woodstock, defendía este festival como un espacio donde “se imponen intereses y ámbitos de vida que en la sociedad productiva son silenciados y no deben desempeñar papel alguno”. Principalmente se consagraba a Eros como el principal conector del festival.

En la masa, se confundían todos, se disolvían las jerarquías y forjaban vínculos donde el amor era posible, más allá de la envidia, los celos y la competencia. En International Herald Tribune se observó que los asistentes establecieron “paz consigo mismos, próxima al éxtasis sosegado”. Con esta narración, se inauguró el mito de un festival que parecía ser la promesa de una nueva sociedad, sin barreras culturales, raciales, de género o ideológicas.

Quiénes se encontraron en el festival.

Entre los actos más destacados de la música, se encontraron Jefferson Airplane, que dio un concierto, que los críticos calificaron como “crudo y desenfadado”, debido a los agresivos riffs de guitarra y los coros audaces. “Somebody to love” y “White rabbit” fueron los hits que más calaron en la audiencia. “Volunteers” fueron los minutos más gloriosos, donde la banda improvisó y pudo enganchar al público.

La canción de protesta más radical fue de Joe McDonald, “I Feel like I’m Fixing to Die Rag”. Cuenta la leyenda que el cantante hizo corear una palabra de rechazo a la multitud: F…U…C…K. Esta canción fue un himno sarcástico y amargo, en contra de los valores que propugnaba un sistema corrupto y explotador. Canned Heat encendió al público con música tradicional de blues rock. Los solos interminables de guitarra fueron pasajes diversos que pusieron a la audiencia casi fuera de control, según las crónicas. Con una reminiscencia del country y la música del Missisipi, la banda realizó una interpretación exuberante. “Going up the Country” fue su clímax.

Más de una hora duró el show de The Who. La mayor parte de su set consistió en un abreviado repaso de su ópera rock, junto a algunos de sus viejos clásicos. “My generation” coronó la presentación de la banda inglesa, al lograr convertirse además en el himno de una generación que se sentía cansada del reproche e incomprensión de sus padres e instituciones. La banda de un joven, Neil Young, Crosby, Stills, Nash & Young, subieron al escenario con un set tanto acústico como electrónico, con sugerentes coros a varias voces. Los músicos se sentían con bastantes nervios, pues era apenas la segunda vez que tocaban en vivo. No obstante, se destacaron con el tema “Suite: Judy Blue Eyes”.

Sly & the Family Stone se presentó con un set que algunos críticos calificaron en su sonido como desaliñado y sucio. Como un antecedente de la música disco, con visos funky y rock, la banda afroamericana dio una entrega asombrosa, que puso a la audiencia a bailar. El momento de éxtasis llegó con el tema “I Want to take you higher”.

Joe Cocker había empezado a generar ruido ya desde su álbum debut, el cual salió 4 meses después de que se subiera al escenario de Woodstock. Cocker y la Greyse Band hizo covers de Bob Dylan y Traffic, pero su interpretación de “With a Little help from my friends” se llevó la flor en un set de 90 minutos. Canción que consagró también el álbum debut.

Richie Havens tuvo un show de casi dos horas. Con una guitarra acústica hipnotizó a la audiencia, junto a la ayuda de un percusionista y un segundo guitarrista. Havens tuvo la audiencia a sus pies y se convirtió en la primera estrella de Woodstock, al consagrarse con “Freedom”  que tipificó el himno de los hippies.

Santama era mucho más desconocido que los anteriores artistas. No obstante, en un set de 45 minutos, fue uno de los actos más revolucionarios de Woodstock. Una mezcla de rock y ritmos tribales fue la presentación de este artista mexicano, que interpretó la mayoría de los temas de su álbum debut homónimo, con la maestría de un veterano, pese a su juventud.  “Soul Sacrifice” fue la canción que llevó el nivel más elevado de compenetración al público.

Con un quinteto formado, no hace mucho tiempo, Jimi Hendrix, no solo demostró su destreza como el futuro mejor guitarrista de la historia del rock, además improvisó a partir de su repertorio. Al final, recurrió al himno nacional americano Star Spangled Banner. Hendrix renovó una versión del himno, al manipular la amplificación con rasgueos y chillidos que escenificaban sonoramente la guerra de Vietnam, en una versión sicodélica y deformada de la melodía original.

En el festival no hubo el consumo de cocaína, heroína o de estimulantes duros, que promueven el individualismo, la agresión y la soledad. Antes bien, los asistentes deseaban sentirse uno más entre sus iguales. La marihuana y el LSD sembraron el mito de la fe inquebrantable en la felicidad y la comunidad.

La nación se sintió autónoma por tres días. No obstante, la utopía costó cara, tanto en la restauración del rancho como en las ganancias que el evento obtendría después. Los trabajos de limpieza en los pastizales, cubiertos de barro y basura, duraron 14 días. En cambio, la regeneración del césped, demoró un año.

La policía de White Lake guardó en un depósito varios vehículos abandonados del aparcamiento, que sus dueños no lograron encontrar en el caos de las multitudes. . De la fiesta de la comunión y el amor al prójimo se pasaría a la fiesta mercantil que lucró con el concepto: paz y amor. La película de Michael Wadgleigh obtuvo más 300.000 millones de dólares en ganancias. Incluso estuvo nominada al Oscar.

Muchos críticos aseguran que el comercio póstumo en imágenes y música, junto a las reliquias de la comunidad de Woodstock, pervirtió el acontecimiento. No obstante, la utopía de una música que luchaba contra el embrutecimiento de las masas se mantiene vigente, como un territorio nómada, capaz de trascender en el tiempo y el espacio.

Hasta el momento, en 2019, se planean dos festivales de Woodstock, a propósito del 50 Aniversario. El primero volverá a celebrarse en el recinto original al, localizado a 200.000 kilómetros de Nueva York. El espacio que lleva hoy el nombre de Centro de Artes de Bethel Woods, acogerá un evento de conmemoración en el mes de agosto, que al igual que el primero, tendrá una duración de tres días de música, artes y conferencias.

El programa abarcará desde exhibiciones de artistas visuales contemporáneos hasta charlas de TED Talks con expertos en tecnología retro. Leyendas como Santana Neil Young, Bruce Springteen , Santana, Robert PlantDavid Crosby and Friends se presentarán en el escenario. Asimismo Janelle Monae, Greta Van Fleet, The Killers, Pearl Jam, The Raconteurs, The Killers,  Foo Fighters, Margo Price, Courtney Barnett se presentarán, junto a artistas más comerciales como Miley Cirus,  entre otros.

Al mismo tiempo, se prevé que el evento del Centro Bethel Woods no será el único que evoque el 50 Aniversario. Uno de los promotores originales del evento de 1969, Michael Lang, anunció su propuesta original de 1969. Lang planea retomar el espíritu de lo que se vivió el 18, 19 y 20 de agosto de aquel año, con artistas y conceptos que recreen el epílogo de la década de 1960.  Esta promete ser una celebración más fidedigna que la primera.

Estas dos ofertas de 2019, en todo caso, no serían los primeros eventos conmemorativos de Woodstock. Dos ediciones anteriores ya tuvieron lugar en la década de los 90, del siglo pasado. El primero fue en 1994, con el 25° Aniversario, que en 1999, tuvo su retorno, al acoger como exponentes a Metallica, Collevtive Soul, Alanis Morrisette y a Red Hot Chilli Peppers entre otros.

 

 

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