Brasil y Uruguay podrían volcar esquema político en América Latina

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Bogotá, 19 sep (EFE).- El mapa político en América Latina puede cambiar trascendentalmente con las elecciones en Brasil y Uruguay, donde los partidos de izquierda que llegaron por primera vez al poder hace una década como un soplo de aire fresco no tienen seguro el triunfo, precisamente porque ahora les tildan de “viejos”.

Un cambio de gobierno en Brasil, el país más grande de América Latina, con la economía más poderosa y un liderazgo político reconocido, y una apuesta también por la renovación en Uruguay pueden suponer una verdadera revolución en el equilibrio de fuerzas en Latinoamérica, sobre todo en el Mercosur.

Argentina y Venezuela, países con gobiernos que se declaran de izquierda, quedarían en minoría en el bloque sureño, que además está afectado por las restricciones al comercio intrarregional que aplica sobre todo el Gobierno argentino y por las trabas para aliarse con otros grupos o países que imponen las reglas internas del bloque.

Hasta hace solo unas semanas parecía que la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez iban a conseguir sin problemas su propósito de ser reelegidos en los próximos comicios, fijados para el 5 de octubre en Brasil y el 26 de octubre en Uruguay.

Sin embargo, en el camino se toparon con unos rivales que tienen “gancho” con los electores y piden airear la política.

Ahora el escenario más favorable para Rousseff y para Vázquez es una reñida victoria en segunda vuelta, según los sondeos.

La ecologista Marina Silva, que fue compañera de Rousseff en el gabinete de Luiz Inacio Lula da Silva y es candidata presidencial de resultas de un accidente aéreo en el que pereció el abanderado socialista, Eduardo Campos, ha sido la gran sorpresa de la campaña electoral en Brasil.

Las encuestas han llegado a situar a Silva, de origen humilde y religión evangélica, por delante de Rousseff en una segunda vuelta, pero las últimas apuntan a un empate técnico.

A Vázquez quien se le cruzó es alguien que procede de la política tradicional, pues su padre y su bisabuelo fueron presidentes de Uruguay, pero tiene un estilo propio e innovador: Luis Lacalle Pou, que a sus 41 años es joven para los parámetros de la política uruguaya.

Una segunda vuelta también parece inevitable en Uruguay y en esa instancia Vázquez, un oncólogo de 74 años, tampoco puede cantar victoria anticipadamente.

Vázquez fue el político que logró romper el tradicional bipartidismo en Uruguay y llevar a la izquierda al poder por primera vez en la historia del país. Tras varias derrotas electorales, ganó los comicios de 2004 y asumió la Presidencia en 2005.

El Frente Amplio, una coalición de izquierdas fundada en 1971 y que nunca había gobernado hasta entonces, siguió en el poder después de Vázquez con José Mujica como presidente.

Lo mismo le pasó al Partido de los Trabajadores (PT), fundado en 1980, con la victoria electoral de Lula en 2002 y su llegada a la Presidencia el primer día de 2003.

Lula fue reelegido y después le sucedió en la Presidencia su apadrinada Rousseff, que ahora lucha por un cuarto gobierno consecutivo del PT, que en estos diez años en el poder se ha visto inmerso en escándalos de corrupción por los que han ido a la cárcel varios de sus altos mandos.

De los gobiernos de izquierda de Brasil y Uruguay no se puede decir que sean impopulares ni que no hayan tenido logros económicos y sociales, pero aún así acusan el desgaste del poder.

“Nuestro desafío en octubre es elegir a Dilma, Tabaré y Evo Morales”, afirmó la secretaria ejecutiva del Foro de Sao Paulo, la brasileña Mónica Valente, en una reciente reunión en Bolivia de esa organización formada por partidos de izquierda.

En Bolivia también se celebrarán elecciones en octubre, pero en este caso no parecen soplar vientos de cambio, pues Morales, en el poder desde 2006, figura como el claro favorito.

Rousseff ha hecho hincapié en que no representa a la “vieja política” y ha reiterado su voluntad de reformar el ámbito político-electoral, pero también ha defendido la necesidad de gobernar con el apoyo de los partidos y advertido de que sin ellos se puede caer en la “más negra dictadura”.

Silva, por el contrario, ofrece al electorado una “nueva política” y promete gobernar con “los mejores” de cada partido, lo mismo que propone Lacalle.

Los dos aspirantes a la Presidencia también coinciden en que el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) no puede seguir como está y especialmente apuntan a que los miembros puedan negociar por su cuenta con otros países y bloques acuerdos comerciales, lo que actualmente no está permitido.

Otro punto en común de Silva y Lacalle es que consideran que la Argentina de Cristina Fernández es el principal obstáculo para darle flexibilidad a un Mercosur en el que toda decisión requiere de pleno consenso.

Ana Mengotti