Con los ojos en Norcorea

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Foto: Cortesía Google

¿Amenazas que tendrían que plasmarse en algún grado para no perder credibilidad? ¿Estrategia de ayuda humanitaria a cambio de desarme? Pyongyang se declaró en estado de guerra y Washington  ha decidido tomar serio las  amenazas.

 

El periódico digital El tiempo.com  ha publicado que las amenazas de Corea del Norte son tan frecuentes que sus enemigos han aprendido a no tomárselas muy en serio, pero el anunció de este sábado, de que entró en “estado de guerra” con su vecino del Sur, tiene en alerta al mundo entero.

En Seúl, situada a 40 kilómetros de la frontera norcoreana, la población apenas se inmuta cuando la propaganda de Pyongyang proclama, por ejemplo, que convertirá su ciudad en un “mar de fuego”, aunque el tono utilizado en su amenaza de este sábado ya comenzó a inquietar a mayores grupos de población.

“Desde este momento, las relaciones entre Norte y Sur entrarán en estado de guerra y todos los temas que se planteen entre Norte y Sur se tratarán en consecuencia”, dijo un comunicado divulgado este sábado por la agencia de noticias oficial de Corea del Norte, KCNA.

Sin embargo, no hubo señales de actividad en el ejército norcoreano ni nada que sugiera una agresión inmediata, dijo un vocero del Ministerio de Defensa de Corea del Sur.

Además de considerar “anulado” unilateralmente el armisticio que firmó con Corea del Sur en 1953, el joven líder Kim Jong-un cortó el ‘teléfono rojo’, la línea directa de emergencia que mantienen Seúl y Pyongyang desde 1971 para hablar en situaciones extremas. También amenazó con poner a tiro de misil a Seúl o las bases militares estadounidenses en Guam, Hawái, Japón y Corea del Sur.

Esta campaña de provocaciones no se veía desde noviembre del 2010, cuando la artillería norcoreana atacó el islote surcoreano de Yeonpyeong y mató a cuatro personas.

Hay quien piensa que Kim Jong-un tendrá que hacer algo si no quiere perder su credibilidad, no solo en la escena internacional, sino en el plano local. Kim podría verse empujado a justificar la escalada de tensión en la que se metió con nuevas pruebas balísticas o nucleares o, incluso, provocando alguna escaramuza similar a la de Yeonpyeong. Una guerra en la península es el peor escenario posible, sobre todo para el aislado país del norte.

Los expertos en armamento nuclear desestiman la posibilidad técnica de que Corea del Norte consiga atacar una ciudad de EE. UU., pero el presidente Barack Obama prefirió tomarse en serio a su enemigo asumiendo que no puede quedarse quieto ante un país que sigue invirtiendo en armamento atómico.

Además, una cierta tensión en la península coreana le viene bien a Washington para posicionarse mejor en el Pacífico frente a China. Hace unas semanas, el Pentágono anunció que reforzará su escudo antimisiles en Alaska, lo que provocó el enojo en Pekín.

Los expertos piensan que lo que intenta Kim es sentarse a hablar con EE.UU. para obtener un tratado como los conseguidos en los últimos años: ayuda humanitaria a cambio de promesas de desarme.

No es una ambición disparatada. En una entrevista con la cadena ABC, Obama contempló abiertamente la semana pasada la posibilidad de volver a dialogar en las llamadas “negociaciones a seis bandas” (con Corea del Sur, China, Japón y Rusia).

Uno de los factores que más alarman a los expertos es el del deterioro de la situación interna de Norcorea. La semana pasada, la ONU presentó un informe en el que se asegura que “casi 3 millones de norcoreanos no pueden sobrevivir sin la ayuda humanitaria y presentan niveles alarmantes de desnutrición”.

Corea del Norte y Corea del Sur han estado técnicamente en guerra durante seis décadas, debido a que su conflicto entre 1950 y 1953 terminó con un armisticio y no con un acuerdo de paz.

 

El tiempo – Reuters