El Papa Francisco

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Bonachón, de risa fácil y de carácter bien argentino, es afecto a la chanza para enviar sus mensajes llenos de humor y de un simultáneo llamado profundo a la reflexión.

Muy cercano a la gente, Francisco es “la revolución de la ternura y de la misericordia“, explica la periodista española Paloma Gómez Borrero, autora de varios libros sobre los últimos papas. El Papa Bergoglio añade Gómez Borrero, nos muestra un nuevo horizonte de esperanza dentro de su absoluta originalidad: “No estamos acostumbrados a un Papa tan atípico. Francisco dice cosas divertidas pero profundas: las monjas no deben ser solteronas, los curas no deben hacer homilías aburridas. Hace pensar mucho a la gente”.

Francisco -Jorge Mario Bergoglio- nació en la Argentina hace 76 años; inició su prolongada carrera en la Iglesia a los 21  tras recibirse como Técnico Químico y el 13 de marzo de 2013, fue elegido  por 156 votos cardenalicios como el Papa Nº 266 de la historia; es el primer Pontífice latinoamericano y el primer jesuita -los eternos defensores del Papado- que encabeza la enorme Iglesia Católica; y sí, es un Papa realmente atípico y atípico continuó mostrándose desde el primer día de su mandato: rechazó vivir en los lujosos aposentos papales y prefirió quedarse en el modesto hotel que lo cobijó en Roma como un simple Cardenal que acudía a la ecuménica votación, gatillada por la inédita renuncia de Benedicto XVII, el único Papa Emérito vivo en la historia de la Iglesia. Causó revuelo y admiración en el mundo, su rotunda negativa a continuar usando la pesada Cruz Papal de oro, la “muceta papal” y los elaborados cuanto caros mocasines rojos, que cambió por un par de zapatos más comunes que corrientes. El Cardenal Hummes recuerda que “Salió de la capilla así, con sencillez, con sus zapatos negros con los que había llegado de Buenos Aires. No se sentó en el trono que tenía preparado y se quedó de pie para abrazar uno a uno a todos los cardenales con una espontaneidad maravillosa”. Otro alto prelado añade: “Aún hoy usa sus zapatos negros y por entre la sotana blanca se transparentan sus pantalones oscuros, porque sigue negándose a usar los blancos”. ¿Y quién se olvida de los dolores de cabeza que generó a los cuerpos de seguridad durante su visita al Brasil, cuando también se negó a utilizar el “Papamóvil” y orondo se montó en un modesto Fiat 800 en el que apenas cabía? Recuerdos y sonrisas se producen asimismo al recordar un llamado telefónico a su quiosquero en Buenos Aires, Nicolás Schandor, a quien le pidió que por favor “…ya no le guardara más el periódico porque se había mudado vivir a Roma…en Italia”

Estas y muchas otras anécdotas podrían parecer simples posturas para caer simpático,  moderado o livianamente humilde; sin embargo, el mundo volvió a sorprenderse gratamente cuando Francisco arremetió con decisión y firmeza, contra una conocida cúpula de importantes prelados altamente encumbrados por años, en los más importantes cargos del Banco Vaticano, desde donde hacían y deshacían con las finanzas de la Iglesia, en realidad con las finanzas de millones de fieles en todo el mundo. Llama hipócritas a los curas que viven con fasto y no vacila en destituirlos. Fustigó y aún lo hace, cada vez que se le presenta la oportunidad de criticar duramente la corrupción y de desafiar a las peligrosas mafias italianas. Reaccionó con idéntica firmeza con la reforma de la curia frente al escándalo de los llamados “Vatileaks” declarando al respecto y esta vez sin atisbos de humor: “Ha habido un vatileaks y eso ha supuesto mucho sufrimiento. Habrá alguno malo (en la Iglesia) pero también hay muchos miembros de la curia santos y buenos”, animándose a continuación, a crear un verdadero G8 dentro la Iglesia para reformar la curia y para expulsar días después, a un miembro que había falsificado su hoja de vida para que Francisco lo admitiera. Tampoco se amilanó cuando fue necesario referirse a la pederastia, a los homosexuales, al matrimonio gay o las rugosas relaciones del Vaticano con el Islam y el judaísmo, declaraciones que le valieron el mote de “Papa marxista”, según afirma Paloma Gómez Borrero. La periodista española añade convencida que: “En muy poco tiempo se han  producido transformaciones muy grandes en una institución donde las reformas y los tiempos siempre han sido muy lentos”.

Las constantes reformas, llevadas a cabo sin solemnidad con afabilidad y a través de una “…revolución de la ternura…” como afirma Guzmán Borrero, han “…roto con dos siglos de papado tradicional en cuanto a la forma de gobernar y ciertamente es el pontífice que necesitaban la sociedad y la Iglesia“, concluye.

Amén, concluimos nosotros en la redacción de dat0s.