El PCC y el CV de Brasil: los nuevos grupos designados ‘terroristas’ por Estados Unidos

InSight Crime
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crimen organizado transnacional América Latina, Brasil

Durante la década de 2010, el PCC expandió sus rutas de narcotráfico hacia países vecinos como Paraguay y Bolivia, forjó vínculos con organizaciones internacionales —incluida la mafia italiana— y desarrolló extensas redes de lavado de dinero.

Las dos mayores organizaciones criminales de Brasil —el Primer Comando de la Capital (Primeiro Comando da Capital, PCC) y el Comando Vermelho (CV)— han sido designadas como organizaciones terroristas por Estados Unidos, con vigencia a partir del 5 de junio de 2026.

Son las primeras organizaciones brasileñas en ser añadidas a la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (Foreign Terrorist Organizations, FTO), que ya incluye a 15 organizaciones de México, Ecuador, Haití, Colombia, Venezuela y Centroamérica.

El PCC tiene una presencia documentada muy reducida en Estados Unidos, pero lava cantidades significativas de dinero a través de bancos estadounidenses. El CV, por su parte, nunca ha tenido una presencia directa confirmada en el país. Su principal vínculo con Estados Unidos es a través del flujo de tráfico de armas desde Estados Unidos hacia Brasil.

Analistas de seguridad en Brasil y en el exterior subrayan que tanto el PCC como el CV están motivados por incentivos económicos y no por objetivos ideológicos. Utilizan simbolismos y conjuntos estrictos de reglas para establecer y expandir su control, pero ambas organizaciones están enfocadas en la búsqueda de ganancias a través del narcotráfico y otros mercados ilegales.

La organización criminal más poderosa de Brasil: el PCC

El PCC es la organización criminal más grande y sofisticada de Brasil, con presencia en todo el país y operaciones que se extienden por Latinoamérica, Europa y Asia. Nació en 1993 por reclusos en la prisión de Taubaté, en São Paulo, como respuesta a la masacre de Carandiru de 1992, en la que las fuerzas de seguridad brasileñas asesinaron a más de 100 presos. El PCC inicialmente se enfocó en la defensa de los derechos de los reclusos y la mejora de las condiciones carcelarias y evolucionó gradualmente hasta convertirse en una poderosa empresa criminal.

Con el tiempo, el PCC aprovechó las cárceles brasileñas —sobrepobladas y con recursos insuficientes— como centros de reclutamiento y operación, lo que le permitió expandirse rápidamente por todo el país. El grupo atrajo la atención nacional a través de una serie de rebeliones carcelarias y ataques coordinados, sobre todo en 2001 y 2006, cuando orquestó levantamientos y asaltos simultáneos que dejaron en evidencia la incapacidad del Estado brasileño para controlar su sistema penitenciario.

Durante la década de 2010, el PCC se transformó en un importante actor criminal transnacional. Expandió sus rutas de narcotráfico hacia países vecinos como Paraguay y Bolivia, forjó vínculos con organizaciones internacionales —incluida la mafia italiana— y desarrolló extensas redes de lavado de dinero. El grupo se involucró profundamente en el tráfico de cocaína, el contrabando de armas, los robos, la extorsión y otros mercados ilícitos.

El PCC se rige mediante una red altamente descentralizada con sectores especializados conocidos como sintonías. En su núcleo se encuentra Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, y un órgano de liderazgo superior conocido como el Comando General Alto (Sintonia Final Geral). Sin embargo, el grupo funciona más como una superestructura administrativa del crimen organizado que como un cuerpo jerárquico vertical. Esta estructura le ha permitido a la organización sobrevivir arrestos, traslados de presos y ofensivas gubernamentales.

Aunque el PCC enfrenta una presión creciente de las autoridades brasileñas, las fuerzas de seguridad internacionales y grupos rivales como el CV, sigue siendo una de las organizaciones criminales más influyentes del hemisferio occidental. Las disputas internas entre líderes de alto rango han generado tensiones desde 2024, pero la rentabilidad del grupo, su portafolio criminal diversificado y su alcance internacional sugieren que seguirá siendo una fuerza dominante en el crimen organizado en el futuro previsible.

La organización criminal más antigua de Brasil: el CV

El Comando Vermelho es la organización criminal más antigua de Brasil y una de las redes criminales más influyentes del país. Surgió en la década de 1970 dentro de la prisión Candido Mendes, en Río de Janeiro, durante la dictadura militar brasileña, cuando criminales comunes y presos políticos de izquierda forjaron alianzas para sobrevivir a las duras condiciones carcelarias. Originalmente conocido como la “Falange Vermelha” (Falange Roja), fue abandonando sus raíces políticas y evolucionó hacia una organización criminal enfocada en el robo, la extorsión y, eventualmente, el narcotráfico.

El grupo se expandió rápidamente en la década de 1980, a medida que el tráfico de cocaína se disparaba en Suramérica. Al establecer relaciones con organizaciones narcotraficantes colombianas, el Comando Vermelho se convirtió en un distribuidor clave de cocaína en Brasil y consolidó el control sobre muchas de las favelas de Río de Janeiro. En estas comunidades marginadas, desarrolló un sistema paralelo de gobernanza en el que proporcionaba empleo, imponía reglas y llenaba los vacíos dejados por el Estado.

A diferencia del más centralizado PCC, el CV opera a través de una franquicia relativamente laxa de facciones locales y grupos aliados. Líderes prominentes como Luiz Fernando da Costa, alias “Fernandinho Beira-Mar”, y Márcio dos Santos Nepomuceno, alias “Marcinho VP”, han ejercido influencia sobre la organización a pesar de cumplir largas condenas de prisión. El CV también depende de un control territorial físico muy arraigado y se ha distinguido por confrontar directamente a las fuerzas del gobierno y establecer barreras físicas alrededor de sus zonas de influencia.

Aunque Río de Janeiro sigue siendo su principal bastión, el grupo se ha expandido hacia otras regiones de Brasil, particularmente los estados de Amazonas y Mato Grosso, así como hacia países vecinos como Bolivia y Paraguay. Desempeña un papel significativo en el narcotráfico regional de cocaína y ha extendido su influencia a áreas fronterizas estratégicas, incluyendo la cuenca amazónica y la triple frontera entre Colombia, Brasil y Perú.

El rival más importante del CV es el PCC, cuya alianza con el grupo colapsó en 2016, desencadenando años de violencia en todo Brasil. También enfrenta desafíos crecientes por parte de grupos de milicias y otras bandas criminales en Río de Janeiro, así como una presión cada vez mayor de las fuerzas de seguridad. No obstante, la organización ha demostrado ser resiliente: conserva un control territorial sustancial, se ha expandido hacia actividades criminales en el ámbito digital y sigue siendo uno de los actores criminales más poderosos de Brasil y Suramérica.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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