En medio del peligro: cómo es enfrentar el virus en América Latina

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Foto: Alessandro Falco for The New York Times

Los trabajadores de la salud de toda la región dicen que tratar el coronavirus es más difícil -y peligroso- debido a las disparidades económicas y sanitarias, los sistemas descuidados y la desinformación.

Es fácil sentirse abandonada aquí en el desierto.

Me transfirieron aquí hace un año. Toda mi familia vive en otros lados y la soledad es difícil a veces.

Trabajar en un hospital se trata de equipos y camaradería, pero esa experiencia ha provocado mucho aislamiento en el ámbito personal. Tenemos que separarnos para comer porque si nos enfermamos, no hay nadie más para reemplazarnos.

Hay mucho desánimo, y es muy triste verlo en un grupo de gente fenomenal. Siempre busco alguna manera de levantar la moral.

Cuando escuché de la doctora de urgencias en Nueva York que se suicidó, me impactó mucho. Mucha gente me llamaba para preguntar si estaba bien.

Estoy bien, pero cuando estoy en la casa, la tristeza me arrastra. A veces es abrumador el sentimiento. No puedo ni siquiera salir por la noche para distraerme porque hay toques de queda y todos los locales están cerrados.

El virus es la primera cosa en la que pienso cuando me levanto por la mañana y la última en mi mente cuando me acuesto, agotada. Y eso es día tras día tras día.

No soy la misma persona que era hace unos meses.

– Según una conversación con John Bartlett

He estado trabajando cinco o seis turnos de 12 horas cada semana durante casi cuatro meses, porque cientos de miembros del personal médico se están enfermando. Conforme pasan las semanas me he ido poniendo más ansiosa. Estoy durmiendo menos, comiendo mal y perdiendo peso.

En Chile, los urgenciólogos estamos particularmente expuestos al virus porque entramos a las casas para tratar a la gente. No me asusta enfermarme. Pero vivo con mi mamá quien sería de alto riego por su edad, entonces tomo todas las precauciones que puedo.

Estoy acostumbrada a trabajar con pacientes con baja posibilidad de sobrevivir, pero es muy diferente ver tanta gente morir sola. El virus está matando a jóvenes, no solamente gente mayor. Hace un par de semanas, tuve que llamar a la madre de un joven de 36 años para informarle que su hijo se encontraba en un estado crítico.

A veces se siente que todo está al revés.

– Según una conversación con John Bartlett

En Loreto, la región más grande del Perú, soportamos amenazas eternas. Desde hace décadas luchamos contra el dengue, la tuberculosis, la malaria. Los doctores estamos acostumbrados al caos y a la muerte.

Yo soy pediatra en el Hospital de Apoyo de Iquitos, pero ahora atiendo a todo tipo de pacientes. Estoy en el área que recibe a los sospechosos y determino quién puede tener el virus y quién no. Hago diagnósticos solo con un examen clínico porque no tenemos pruebas rápidas ni moleculares. En los momentos más críticos he sido la única médica en todo el hospital.

En estas semanas he visto a pacientes morir por falta de balones de oxígeno, a personas llegar como cadáveres porque no resistieron el largo camino, a gente desfallecer en la cola de espera. A veces siento una indignación tan grande por el dolor de mi pueblo.

Pienso todos los días en mis compañeros de trabajo que cayeron enfermos. Yo los atendí cuando les faltaba el aire y ya no era