Infiltración en mataderos: la cruel muerte de los animales que comemos

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Creditos Foto: Revista C2

Sébastien Arsac creció siendo el nieto del carnicero del pueblo y viendo a su abuelo matar cerdos. Hoy, a sus 44 años, es el fundador de una asociación vegana que quiere acabar con el consumo de productos de origen animal y que ha hecho temblar a la industria de la carne en Francia.

L214, la organización que creó en 2008 junto a su pareja, Brigitte Gothière, consiguió que grandes cadenas del país como Monoprix y Carrefour dejen de vender huevos de gallinas enjauladas.

Toda una hazaña, ya que Francia es el mayor productor de huevos de Europa y dos de cada tres de sus granjas crían a las aves esta manera.

La asociación animalista también logró que el parlamento francés cree una comisión que investiga a los mataderos y que apruebe el mes pasado una ley que les obligará a instalar cámaras de videovigilancia en sus recintos para evitar maltratos, que deberá ser ratificada por el Senado.

Pero, ¿cómo hizo un profesor de escuela para poner en jaque al sector cárnico?

¿Por qué como carne?

Arsac aún recuerda cuando, de niño, visitaba la casa de su abuelo y le veía sacrificar cerdos para preparar la comida familiar.

“Podía ver bien el comportamiento del animal: cómo se resistía a morir, cómo gritaba y usaba su fuerza para evitarlo y creo que esta reacción fue lo que me impactó”, le relata a BBC Mundo.

“Entendí que había algo que no era normal. No me convertí en vegano en ese momento, pero se quedó en mi memoria”, confiesa.

No fue hasta entrado en la veintena que, leyendo un cómic en el que se hablaba de sociedades que no consumían animales, se preguntó a sí mismo por qué él sí lo hacía.

“Yo estaba contra las corridas de toros, pero comía mucha carne. Me di cuenta de que no era una necesidad nutricional para estar saludable y de que carecía de coherencia protestar contra la tauromaquia si luego iba a ir al supermercado a comprar la carne que otra persona había matado para mí”, dice.

La pareja se volvió vegetariana y, tras unos años; vegana.

Ser vegano no basta

Pero, que dos personas dejen de comer carne no ayuda a ningún animal. “Nos dimos cuenta de que no era suficiente y de que se trataba de un combate político. Había que militar”, sostiene.

Empezaron organizando peticiones y campañas contra el foie-gras, el paté hecho con hígado de pato o ganso y que implica alimentar al animal con más comida de la que necesita y a la fuerza.

Cuando se animaron a crear una asociación, decidieron dedicarla al sector ganadero. “Es la prioridad. En Francia, se matan mil millones de animales de granja cada año. Eso supera cualquier otra actividad, ya sean las pruebas de laboratorio o las corridas de toros”, explica.

Un activista infiltrado

En el mundo existen muchas asociaciones animalistas, pero la mayoría tiene un impacto limitado. Desde sus inicios, L214 llegó a la conclusión de que para convencer a la gente de renunciar a la carne, había que enseñarle cómo llegaba esta hasta su mesa.

“Intentamos obtener imágenes de lo que pasaba dentro de un matadero, pero era complicado. La única forma que encontramos fue la de entrar como trabajadores, así que cuando vi un anuncio de que necesitaban gente en un local en Metz, me presenté”, recuerda el activista.

Fueron tres semanas de trabajo duro, tanto física como emocionalmente, con una cámara oculta pegada al cuerpo. “Pero yo tenía claro mi objetivo. Sabía que conseguiría impactar y eso me motivaba”, asegura.

El resultado fue un video que subió a Facebook con imágenes de vacas siendo degolladas mientras penden boca abajo de una pierna. A este, le han seguido decenas, protagonizados por vacas, caballos, conejos, pollos, cerdos y corderos.

Arsac ya no necesita infiltrarse él mismo, ya que mucha gente se ofrece a hacerlo, entre ellos, algunos trabajadores de mataderos.

La asociación cuenta en la actualidad con 20.000 abonados y su fundador, que dejó las aulas para dedicarse de lleno a L214, no descarta incursionar en la política.

Su meta a corto plazo es reducir el consumo de carne en Francia, donde este alcanza los 86 kilos per cápita (el doble que a nivel mundial).

La organización recibe el apoyo de actores franceses famosos como Brigitte Bardot, que tras ver uno de sus videos, cargó el año pasado en una carta contra el ministro de Agricultura. Este ordenó que se inspeccionaran cada uno de los 960 mataderos que hay en Francia.

“Vídeos basura”

La quincena de videos que la asociación difundió en menos de añoy medio indignaron a la sociedad francesa, que pidió a las autoridades que actúe contra los abusos en los mataderos.

El último, dado a conocer a mediados de febrero, muestra cerdos hacinados en lugares donde solo pueden estar de pie ante la falta de espacio.

En otro se puede ver a un empleado al que se le acumulan los corderos en la línea de producción y que opta por matarlos a golpes o tirarlos repetidamente contra la pared. Durante un descuido, uno de ellos llega a ser descuartizado vivo.

Los sindicatos del sector cárnico acusan a L214 de “ensañarse” con los mataderos y divulgar “videos basura” sacados de contexto.

Alegan que, al tener el veganismo y la abolición de los mataderos como fin, la asociación elimina toda posibilidad de diálogo con sus responsables.

La Federación Nacional de Sindicatos de Explotaciones Agrícolas acaba de lanzar la campaña “Los ganaderos respetan a sus animales” para contrarrestar las críticas.

En ella, emplean la misma herramienta que L214: los videos, pero en este caso, de trabajadores que explican su día a día y animales saludables y tranquilos en instalaciones ordenadas y limpias.

Los empleados de estos locales han sido los más cuestionados. En un reportaje realizado por el programa de televisión “Enviado especial” del canal France 2, algunos explicaban que se sentían estigmatizados por el resto de la sociedad a raíz de estos videos.

Uno de los captados por las cámaras de la asociación, aseguraba que algunos conocidos habían comenzado a evitarle por la calle y que a su hija de nueve años le preocupaba que le despidieran.

A esto se suman los comentarios de miles de internautas indignados, como: “Espero que este hombre no tenga hijos… Ya puede soñar por las noches que los desangra igual que a esos cerdos”.

Maltrato legal

Pero L214 no busca pillar a los empleados cometiendo infracciones. Es más, muchas de las actividades que muestran sus videos, como el lanzamiento de pollos vivos a una trituradora, el sacrificio de vacas preñadas o el aturdimiento de cerdos con CO2; están permitidas por la ley pese a resultar atroces para muchos.

“Es más fácil difundir nuestras investigaciones cuando incluyen actividades ilegales. Pero nuestro objetivo es que la gente se cuestione la existencia de los mataderos en sí misma. Hay una creencia de que la normativa ha evolucionado, que todo está muy controlado y de que hoy en día se puede matar animales alegremente“, explica.

“Así que cuando mostramos estas imágenes, se suele pensar que se trata de un caso particular. Pero nuestros videos son de todo tipo de mataderos: grandes, pequeños, medianos y en distintos periodos de tiempo”, añade Arsac.

El planteo de L214 es que todos saben que en los mataderos se acaba con la vida de los animales, pero que pocos son conscientes de lo que esto implica: sangre que sale a borbotones y seres que gritan aterrorizados mientras luchan por su vida.

“La responsabilidad es colectiva, pero el consumidor es el mayor responsable. Le pedimos a otras personas que maten a los animales por nosotros y esperamos que lo hagan de forma digna y respetuosa. Eso es simplemente imposible”, sentencia.

Arsac considera demasiado fácil culpar a los trabajadores, a los que se les exige que maten decenas de animales cada día: “Si utilizan la violencia es porque los animales se resisten. Y negarnos a entrar en el corredor de la muerte, por más que nos den descargas eléctricas, es lo que haría cualquiera en su situación”.

Algunos de estos empleados se han convertido incluso enlos mejores aliados de la asociación, a la que llaman para hacer denuncias u ofrecer su ayuda para insertar cámaras.

“Por más profesional que un trabajador sea o por más cámaras de video que se instalen, un matadero es un lugar violento y de muerte”, sentencia el activista.

 

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