La vacuna escasea y los laboratorios se niegan a levantar la patente

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Se dice que la tercera ola de la pandemia ha llegado a Brasil. El país colapsa. Bolsonaro desató la guerra. Dijo al inició de la pandemia que era una “gripesinha”, que no era Dios para evitar las muertes por coronavirus. Bolivia tiene alrededor de 5 000 kilómetros de frontera con el país más grande del mundo. Grande en todo, la red de medios que controla la información para evitar acudir a la mentirosa fuente oficial, registran dos muertes por minuto. Brasil explosiona en la medida de su tamaño. La industria multinacional de fármacos se niega a levantar las patentes de producción. El monopolio en torno a las vacunas dice claro sobre el rostro de la desigualdad. La Unión Europea (UE) esperaba distribuir 160 millones de vacunas de todas las marcas en el primer trimestre, hasta ahora se han repartido 70. A EEUU han llegado 154.

La demanda de vacunas es muy superior a la oferta. Los más rezagados que esperen; mientras que si de la vacuna contra la covid-19 se tratara evitar más muertes, estamos lejos de impedirlas.