Las cartas de Trump para forzar la rendición de Irán

Alejandro López | Diario Red
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El tiempo estaba del lado de Irán. Con el movimiento de Trump, se ha equilibrado la estrategia de paciencia estratégica y desgaste. Pero aún no está claro quién de los dos puede aguantar más tiempo con el bloqueo.

Estados Unidos sigue empantanado en la guerra más peligrosa en mucho tiempo. El alto el fuego da una imagen de desescalada que no es tal. Donald Trump necesita una salida y ha logrado una importante ventaja que no tenía, que cesen los ataques en el Golfo Pérsico a cambio de cese equivalente en Irán y uno que no se cumple en Líbano.

Desde el principio Irán insistió en que no le interesaba una simple tregua porque tenía a Estados Unidos en una posición donde debía realizar fuertes concesiones para evitar seguir en una dinámica que iba a matarlos por el precio de la energía.

El bloqueo del Estrecho y el ataque masivo sobre los petrodólares del Golfo eran dos dagas que amenazaban con terminar de desgarrar la coalición MAGA en Estados Unidos y la relación de Trump con sus socios europeos y, por primera vez, también con los árabes.

En el momento previo al acuerdo de alto el fuego, Trump amenazaba con todo: invadir las islas iraníes, atacar la costa, destruir los puentes, tumbar la infraestructura energética y acabar con una civilización entera. Palabras literales. Si Irán asestaba los golpes sobre el precio de la energía y, a la larga, sobre toda la cadena de valor global, Washington se veía presionado a imponer costes mucho mayores sobre Teherán para poder negociar el fin de la posición iraní.

Ya no se hablaba de cambio de régimen, ni de control de los socios iraníes. Ni siquiera se hablaba tanto del programa balístico iraní. Solo de solventar las consecuencias de haber empezado la guerra: Ormuz y los petrodólares. Junto a un acuerdo nuclear y a un cese de los ataques en Líbano, todo ello servía para crear un nuevo marco favorable a Irán. Esto podía suponer ya una primera derrota para Trump.

Pero la imposición de un bloqueo sobre Irán durante el alto el fuego ha sido una estrategia de doble filo. Por un lado Trump le ha robado a Irán la llave de Ormuz, el peaje que pretendía imponer y la carta negociadora. Además ha logrado el efecto deseado de perjudicar la economía iraní sin los ruidosos ataques que había prometido. Por lo tanto ha podido realizar este potente acto de guerra sin el coste de una respuesta masiva iraní sobre el Golfo.

Irán se ha quedado en una posición más comprometida que hace dos semanas. Ahora no puede permitirse acudir a las negociaciones de Islamabad de manera sencilla, puesto que llegaría en una posición más desventajosa que antes. Y por eso Trump ahora sí quiere avanzar a un formato diplomático, pero guardándose la carta de volver a escalar si Irán no se rendía. El mismo escenario desde que comenzó la guerra pero con una ligera ventaja.

En el camino, todo el tiempo que ha ganado Trump sin ataques iraníes ha servido para calmar ligeramente a los mercados, para llevar los tres portaaviones que ahora circundan la zona y para desplegar a las decenas de miles de tropas que requerían operaciones de invasión o incursión en Irán.

No es en absoluto descartable que Trump apueste por retomar los órdagos que anunció antes del alto el fuego si su bloqueo no sirve para obligar a Irán a negociar en peores condiciones. O incluso si aún sigue aspirando a una rendición que, desde luego, sigue sin tener visos de prosperar.

Ante este escenario, la República Islámica ha señalado lo intolerable del bloqueo estadounidense en pleno alto el fuego, puesto que si responden al acto de guerra, pueden quedar como los que han roto la tregua a pesar de que reside en Washington la responsabilidad.

Irán puede apostar por una respuesta limitada, una vuelta a la escalada o aguantar el órdago de Estados Unidos para ver quién soporta más tiempo el bloqueo. Con un nuevo minado de Ormuz o una dispersión de las embarcaciones que se acerquen a intentar despejar la ruta, Irán puede cerrar completamente el Estrecho. Y de esta manera Estados Unidos habrá dañado a Irán, pero no habría logrado recuperar Ormuz. Nada saldría del Golfo Pérsico y la energía retomaría su escalada de precios.

Esa es la otra carta de Irán. La no cesión y la escalada del precio por otras vías que no impliquen retomar los ataques en el Golfo. Porque el tiempo estaba del lado de Irán. Con el movimiento de Trump, se ha equilibrado la estrategia de paciencia estratégica y desgaste. Pero aún no está claro quién de los dos puede aguantar más tiempo con el bloqueo.

Sin embargo, Estados Unidos no puede sostener el esfuerzo bélico eternamente, a pesar de lo que ha señalado Donald Trump. Por este motivo cabe la opción probable de que si Irán no cede en Pakistán, Washington retome los ataques. Una vez más, todo lo que ha probado Estados Unidos para asfixiar a Irán y forzar su rendición ha fracasado.

Muy pronto veremos si Trump sigue jugando con unas consecuencias que podrían afectar a todo el mundo. Y todo en un escenario donde las concesiones eran duras pero hay margen para encontrar puntos en común a través de un acuerdo nuclear ampliado sobre el uranio enriquecido, las sanciones, los activos congelados y las siempre difíciles garantías de seguridad.

Pero sin duda el punto más difícil siempre es Israel. Por mucho que haya asumido una reducción de intensidad en Líbano, lo hace a costa de un acercamiento del gobierno de Beirut en torno a sus exigencias de seguridad en el sur del país, donde Tel Aviv ya ha implantado una zona donde atacar libremente. El principio de una nueva limpieza étnica en el sur de Líbano. Así desde luego es muy complicado que cualquier acuerdo entre Irán y Estados Unidos vaya a parte alguna.


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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