
- El secuestro de cuatro militares de El Salvador en Haití desencadena una operación de rescate que amenaza el poder de las pandillas.
- Una parte del equilibrio de poder entre las pandillas haitianas se dirime en el control de las rutas estratégicas en el país. Los retenes, los cobros por autorizar el tránsito y las supuestas escoltas, permiten extraer ingresos del transporte comercial y condicionar el abastecimiento de la capital. Los técnicos de aviación salvadoreños se encontraban en el lugar y el momento equivocados.
El Toyota Land Cruiser blindado ardía cuando sus cuatro ocupantes consiguieron abandonarlo. Era el mediodía del domingo 18 de octubre de 2026 y los técnicos de aviación de El Salvador que se encontraban en el vehículo en llamas trataban de regresar a su campamento por Santo, en la periferia nororiental de Puerto Príncipe, la capital de Haití.
Según la Fuerza Armada de El Salvador, hombres armados los habían emboscado con disparos y explosivos. Tras salir del vehículo, se perdió contacto con ellos. Las autoridades haitianas y salvadoreñas no tardaron en calificar lo acontecido de secuestro y atribuir la autoría a la pandilla Chen Mechan, dirigida por Claudy Célestin.
Los primeros intentos de rescate se estrellaron frente a una fuerte resistencia local. La aproximación terrestre quedó prácticamente imposibilitada por los combates y los helicópteros salvadoreños enviados en su apoyo fueron acribillados.
La búsqueda, encabezada por la Policía Nacional de Haití y la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), resultó estéril. Dos días después del incidente, la GSF comunicó un saldo de cuatro heridos entre sus filas y una cifra inexacta de bajas entre los miembros de la pandilla.
Desde San Salvador, el presidente Nayib Bukele elevó la apuesta. El 21 de octubre anunció una operación militar para recuperar a sus compatriotas y exigió que fueran entregados vivos y sin lesiones.
En un mensaje escrito en criollo haitiano, advirtió a los responsables de que la fuerza empleada hasta entonces sería menor que la respuesta que podían afrontar. Un ultimátum que vino acompañado de referencias constantes a su éxito en la lucha contra la Mara Salvatrucha 13 y la Barrio 18.
La amenaza vino acompañada de refuerzos. El 22 de octubre llegaron fuerzas especiales salvadoreñas a Puerto Príncipe para incorporarse a las operaciones de búsqueda y seguridad en Plaine du Cul-de-Sac.
Associated Press informó inicialmente del despliegue de 100 efectivos y de otro centenar previsto. Los vuelos continuaron: Le Nouvelliste situó en 450 el total de militares de El Salvador presentes en Haití al terminar el día 23, citando una fuente conocedora del operativo, aunque San Salvador no había publicado un balance oficial.
El “guantelete” lanzado por Bukele fue recogido en la capital haitiana por Wilson Joseph, alias Lanmò San Jou, líder de la pandilla 400 Mawozo. En un vídeo difundido en redes sociales, el cabecilla exhibió recipientes llenos de municiones y expresó, según los medios que recogieron la grabación, su disposición a combatir a las fuerzas salvadoreñas.
De este modo, uno de los principales actores del crimen organizado haitiano se suma públicamente a la escalada. Este movimiento plantea inevitablemente una cuestión: ¿por qué la 400 Mawozo se implicaría en un conflicto abierto con el Estado salvadoreño por una acción cuya autoría es atribuida a Chen Mechan?
Las rutas del poder de las pandillas
Los técnicos de aviación salvadoreños se encontraban en el lugar y el momento equivocados. Croix-des-Bouquets articula el acceso desde la capital a la carretera nacional 8 (RN8), que atraviesa la Plaine du Cul-de-Sac y conecta Puerto Príncipe con República Dominicana a través de Malpasse y Jimaní.
Pero no es la única ruta estratégica que converge en este entorno: la carretera nacional 3 (RN3) conduce hacia Mirebalais, desde donde otras vías permiten alcanzar el paso fronterizo de Belladère.
Una parte del equilibrio de poder entre las pandillas haitianas se dirime en el control de estas conexiones. Los retenes, los cobros por autorizar el tránsito y las supuestas escoltas, permiten extraer ingresos del transporte comercial y condicionar el abastecimiento de la capital.
Además, su conexión con la frontera dominicana facilita el acceso a redes de tráfico de armas y municiones. Dominar estos corredores contribuye así a financiar las organizaciones y sostener la capacidad militar con la que defienden y amplían sus territorios. Esta lógica geoestratégica explica buena parte de la expansión de 400 Mawozo.
Surgida durante la segunda mitad de la década de 2010 y asentada en Croix-des-Bouquets, la pandilla creció en un contexto de debilitamiento de las instituciones estatales y orientó sus avances hacia los corredores con República Dominicana.
En julio de 2024 tomó Ganthier, una localidad estratégica para el control de la RN8. En marzo de 2025, junto con la pandilla Canaan, ocupó Mirebalais y Saut-d’Eau, ampliando su implantación en la periferia de Puerto Príncipe y su capacidad para disputar las conexiones hacia la frontera.
El ascenso de la 400 Mawozo hasta convertirse en una de las principales pandillas del país ha acarreado la formación de dos grandes bloques de grupos criminales que se disputan la hegemonía en la Plaine du Cul-de-Sac.
De un lado, la organización de Lanmò San Jou encabeza una coalición junto con las pandillas Canaan, Tokyo y Chen Mechan. Estas se enfrentan a sus homólogas Pierre VI y Terre Noire, apoyadas por las pandillas Boston, Belekou y Wharf Jérémie, de la comuna de Cité Soleil, las cuales también dependen del acceso a los pasos fronterizos.
La frágil tregua acordada en junio apenas ha contenido esta disputa: el 12 de octubre, seis días antes del secuestro, todavía se registraban combates entre Chen Mechan y Terre Noire. Sobre ese equilibrio inestable se proyecta ahora la escalada anunciada por Nayib Bukele.
Una operación que se prolongue y exija asegurar accesos o desmantelar retenes podría alterar el reparto de ingresos y posiciones, incentivar apoyos entre pandillas amenazadas y ofrecer oportunidades a sus rivales. Las tropas de El Salvador en Haití se adentran así en un escenario donde cada avance puede desencadenar respuestas que amplíen el alcance del rescate.












