En riesgo de extinción. Era de ajustes

0
366
Foto: El Día

Febrero de 2003, junio de 2015: en los 12 años que median entre uno y otro han pasado demasiadas cosas, incluyendo el despliegue de un nuevo ciclo estatal, con una amplia renovación del bloque que conduce el poder y del personal gerencial del Estado, para hablar sólo de algunos de los acontecimientos más notables y exclusivamente del país. El retador discurso del ministro boliviano de Hacienda, en la conferencia económica de la OCDE, en París, la anterior semana, refleja a plenitud esas modificaciones.

Con tono didáctico y aplomo característico ha ofrecido lecciones a todos los que quieran imitar el éxito de su lúcida conducción económica, basada, para decirlo con sus palabras, en el balance “entre equilibrio y resolución de problemas sociales”. Pero, mientras el ministro se prodiga en describir el modelo “redistributivo y comunitario”, el equipo que lo respalda no deja de pulverizar tan delicado balance, inclinándolo ostentosamente hacia el lado del equilibrio.
El puente entre febrero de 2003 y lo que empezamos a vivir en estos meses se encuentra en la tan parecida reacción de dos gobiernos tan distintos en motivación, horizontes y representatividad, cuando se trata de buscar o forzar que las cifras cuadren mediante los conocidos y retóricamente maldecidos ajustes.
Hay un mar de diferencia en el estado de ánimo colectivo entre ambas situaciones y por eso resulta notable la tendencia hosca de panaderos, cooperativistas e “internadores” de carne, cuando se tocan sus intereses, con el levantamiento del subsidio de la harina, la decisión de cobrar impuestos a los intermediaros del negocio de la carne y hacer lo propio con ese pilar de apoyo al régimen, que son los cooperativistas mineros.
Hoy como ayer (2003) se trata de ahorrar o de recolectar más, en una coyuntura de recorte de ingresos y disponibilidad de recursos. Hoy no se percibe amenaza alguna que los conflictos lleguen a un punto de combustión, pero si la resistencia de las corporaciones desvía el peso de los recortes y las mayores cargas hacia los consumidores, en el caso del pan y la carne, y hacia los socios menores y mayoritarios de los cooperativas, en el caso de la minería, el tono y el ritmo de la crispación social enfilarán hacia arriba.
Supuestamente los encargados gubernamentales no tendrían por qué caer en la misma trampa que atrapó a los neoconservadores antes, puesto que a cada paso proclaman y subrayan sus diferencias de enfoque, pero el peso de haber escogido un camino y relato exitista los enreda y arrastra a recorrer la misma vía de los que consumieron la paciencia social, al cargar la factura de los ajustes a las mayorías.
Cuando los gobernantes planean desembolsar no menos de 3. 500 millones de bolivianos para pagar la carretera que destruirá al TIPNIS, sin estudios económicos, ambientales y técnicos que la respalden (mientras la principal carretera del país se derrumba sagradamente en cada época de lluvias), o cuando presupuestan 14.000 millones de bolivianos por una cara, pequeña e insegura central nuclear, y otros cuantos de miles para levantar un estadio apabullante y miles más para obras igualmente vistosas, es muy difícil no andar echando el ojo adonde se puede recaudar o recortar más, cuando los precios de nuestros productos exportables descienden y se desnuda que no ha sido el alza de nuestra producción, sino de la demanda lo que nos permitió acumular y ahorrar.
Al entrecruzarse los proyectos descomunales y relatos forzadamente optimistas con el descenso de ingresos y recursos, nacen los ajustes que empujan el alza del precio de los alimentos -ahora que batimos récords de importación- y azuzan las contradicciones internas del régimen multi y pro corporativista, que sigue, sin embargo, empeñado en una continua ofensiva, que se inicia con el aplastamiento de indígenas y se proyecta a un cuarto mandato presidencial.
La mano del ministro de Hacienda y sus colaboradores se volatilizó cuando llegó el momento de asumir responsabilidades en la elevación de precios de los combustibles en 2010. Queda por ver si coronará ahora sus ajustes y si, cuando toque, reconocerá su paternidad.

Roger Cortez Hurtado es investigador y director del Instituto Alternativo.

 

"Todo intelectual tiene la obligación moral de poner en discusión las decisiones que emanan del poder político"

Jean Paul Sartre
Aporta voluntariamente al periodismo independiente
Qr dat0s