En riesgo de extinción. Era de ajustes

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Foto: El Día

Febrero de 2003, junio de 2015: en los 12 años que median entre uno y otro han pasado demasiadas cosas, incluyendo el despliegue de un nuevo ciclo estatal, con una amplia renovación del bloque que conduce el poder y del personal gerencial del Estado, para hablar sólo de algunos de los acontecimientos más notables y exclusivamente del país. El retador discurso del ministro boliviano de Hacienda, en la conferencia económica de la OCDE, en París, la anterior semana, refleja a plenitud esas modificaciones.

Con tono didáctico y aplomo característico ha ofrecido lecciones a todos los que quieran imitar el éxito de su lúcida conducción económica, basada, para decirlo con sus palabras, en el balance “entre equilibrio y resolución de problemas sociales”. Pero, mientras el ministro se prodiga en describir el modelo “redistributivo y comunitario”, el equipo que lo respalda no deja de pulverizar tan delicado balance, inclinándolo ostentosamente hacia el lado del equilibrio.
El puente entre febrero de 2003 y lo que empezamos a vivir en estos meses se encuentra en la tan parecida reacción de dos gobiernos tan distintos en motivación, horizontes y representatividad, cuando se trata de buscar o forzar que las cifras cuadren mediante los conocidos y retóricamente maldecidos ajustes.
Hay un mar de diferencia en el estado de ánimo colectivo entre ambas situaciones y por eso resulta notable la tendencia hosca de panaderos, cooperativistas e “internadores” de carne, cuando se tocan sus intereses, con el levantamiento del subsidio de la harina, la decisión de cobrar impuestos a los intermediaros del negocio de la carne y hacer lo propio con ese pilar de apoyo al régimen, que son los cooperativistas mineros.
Hoy como ayer (2003) se trata de ahorrar o de recolectar más, en una coyuntura de recorte de ingresos y disponibilidad de recursos. Hoy no se percibe amenaza alguna que los conflictos lleguen a un punto de combustión, pero si la resistencia de las corporaciones desvía el peso de los recortes y las mayores cargas hacia los consumidores, en el caso del pan y la carne, y hacia los socios menores y mayoritarios de los cooperativas, en el caso de la minería, el tono y el ritmo de la crispación social enfilarán hacia arriba.
Supuestamente los encargados gubernamentales no tendrían por qué caer en la misma trampa que atrapó a los neoconservadores antes, puesto que a cada paso proclaman y subrayan sus diferencias de enfoque, pero el peso de haber escogido un camino y relato exitista los enreda y arrastra a recorrer la misma vía de los que consumieron la paciencia social, al cargar la factura de los ajustes a las mayorías.
Cuando los gobernantes planean desembolsar no menos de 3. 500 millones de bolivianos para pagar la carretera que destruirá al TIPNIS, sin estudios económicos, ambientales y técnicos que la respalden (mientras la principal carretera del país se derrumba sagradamente en cada época de lluvias), o cuando presupuestan 14.000 millones de bolivianos por una cara, pequeña e insegura central nuclear, y otros cuantos de miles para levantar un estadio apabullante y miles más para obras igualmente vistosas, es muy difícil no andar echando el ojo adonde se puede recaudar o recortar más, cuando los precios de nuestros productos exportables descienden y se desnuda que no ha sido el alza de nuestra producción, sino de la demanda lo que nos permitió acumular y ahorrar.
Al entrecruzarse los proyectos descomunales y relatos forzadamente optimistas con el descenso de ingresos y recursos, nacen los ajustes que empujan el alza del precio de los alimentos -ahora que batimos récords de importación- y azuzan las contradicciones internas del régimen multi y pro corporativista, que sigue, sin embargo, empeñado en una continua ofensiva, que se inicia con el aplastamiento de indígenas y se proyecta a un cuarto mandato presidencial.
La mano del ministro de Hacienda y sus colaboradores se volatilizó cuando llegó el momento de asumir responsabilidades en la elevación de precios de los combustibles en 2010. Queda por ver si coronará ahora sus ajustes y si, cuando toque, reconocerá su paternidad.

Roger Cortez Hurtado es investigador y director del Instituto Alternativo.