Informe de corrupción pone al país a nivel de un régimen autoritario

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El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2018 elaborado por Transparencia Internacional (TI) ubicó a Bolivia en el puesto 132 de un total de 180 países, lo que significa una caída de 20 puestos respecto a 2017, cuando el Estado ocupó el lugar 112. El reporte también indica que la ubicación del país, que  está por debajo del umbral de 30 puntos, se sitúa entre los  países denominados regímenes autocráticos o autoritarios.

El IPC es una publicación anual que clasifica 180 países según las percepciones de expertos y empresarios sobre el nivel de corrupción en el sector público y emplea una escala de cero a 100, en la cual cero equivale a muy corrupto y 100 a muy transparente.

En el IPC 2018, la puntuación de Bolivia es de 29/100,  la peor en los últimos seis años. Desde el 2012, el país ha ido reduciendo su puntaje. En la gestión 2018 registra la peor declinación, con una fuerte disminución de su puntaje llegando a 29, lo que significa que se ha ido incrementando la percepción de mayor corrupción, reportó la Fundación Jubileo.

En las gestiones 2016 y 2017, el país se mantuvo con un puntaje de 33, teniendo como antecedente que el 2014 había alcanzado 35 puntos, su mejor puntaje histórico. En esta última medición, reporta su nivel más bajo, con 29 de calificación, reduciendo en cuatro puntos porcentuales respecto al año pasado.

Transparencia Internacional realizó un análisis cruzado del índice de corrupción con los datos del Índice de Democracia 2018 elaborado por The Economist, de lo que concluyó que hay una relación entre la salud de la democracia y el nivel de corrupción.

Así, las democracias plenas obtuvieron una media de 75 puntos en el índice de corrupción, mientras que las imperfectas promediaron 49 puntos y los regímenes autoritarios 30, apuntó la organización.

En este sentido, Bolivia, con 29 puntos, quedó dentro de la última categoría.

En este sentido, la presidenta de TI, Delia Ferreira, alertó que la situación de la lucha contra la corrupción en América Latina es “preocupante”, porque hay una “clara tendencia” a “restringir el espacio de la sociedad civil” en una región en la que proliferan líderes autoritarios y populistas.  “La corrupción florece especialmente cuando los cimientos democráticos se debilitan y, como hemos visto en muchos países, los políticos populistas utilizan esto en su provecho”, aseveró.

A nivel regional, Bolivia se ubica en la parte media baja del IPC. Uruguay (puesto 23) y Chile (27) son percibidos como los países latinoamericanos menos corruptos, mientras  que Venezuela (168) y Nicaragua (152) se encuentran en los lugares más bajos.

En la zona media se encuentra Costa Rica (48), Cuba (61), Argentina (85), Panamá (93), Colombia (99), Brasil, El Salvador y Perú (105); Ecuador (114), Bolivia, Honduras y Paraguay (132), México (138) y Guatemala (144).

En el mundo, Somalia y Siria son considerados los países más corruptos del mundo y Dinamarca y Nueva Zelanda los menos. En el reporte, TI hace notar el fuerte impacto de la salud de la democracia en los índices de corrupción.

El informe destaca, además, la fuerte caída que ha experimentado Estados Unidos, que pierde cuatro puntos con respecto al estudio previo, hasta los 71, y cae hasta al puesto 22 (antes ocupaba el 18), un descenso notable que se ha atribuido al Gobierno de Donald Trump.

 

DATOS

Uruguay, el mejor situado y Nicaragua el peor, En América Latina, Uruguay (puesto 23, 70 puntos) y Chile (posición 27, 67 puntos) repiten como los países de la región percibidos como menos corruptos, mientras que en el extremo opuesto se encuentran Venezuela (lugar 168, 18 puntos) y Nicaragua (puesto 152, 25 puntos).

Bolivia obtiene el peor puntaje en seis años, Bolivia (puesto 132, 29 puntos) obtuvo su peor índice desde 2012.

 

VENEZUELA, EL GRAN PROBLEMA

La fotografía regional del IPC 2018 comienza con el “gran problema” que supone Venezuela, un país en una “crisis humanitaria producida por la corrupción” y donde todas las instituciones han sido infiltradas por el Estado, describió el reporte de Transparencia Internacional.

El documento también incluye los nubarrones sobre Nicaragua, México y Guatemala, y el riesgo que supone que referentes regionales como EEUU y Brasil encumbren a presidentes como Donald Trump y Jair Bolsonaro.

En Nicaragua “el régimen ha cooptado totalmente” las instituciones, en Guatemala el Gobierno ha transformado los organismos que ejercen de árbitro en “perros falderos” que sólo atacan a opositores, y en México  preocupa la infiltración del crimen organizado en la política.

Para mejorar la lucha contra la corrupción y reforzar la democracia, TI recomienda a los gobiernos fortalecer las instituciones responsables de controlar al poder político, llevar a la práctica las leyes sobre delitos económicos, promover el activismo ciudadano y apoyar a medios “libres e independientes”.

 

LA CORRUPCIÓN AFECTA A LA CALIDAD DE LA DEMOCRACIA

Para el abogado y experto en derecho internacional, Sergio Castro, la crisis de corrupción en el país lleva muchos años y ha empeorado en la gestión del presidente Evo Morales.

“Desde hace más de 10 años que los informes de transparencia son preocupantes no sólo por Evo Morales y la esperanza de un nuevo gobierno, sino que instituciones como la Policía o el órgano judicial nunca lograron mejorar, y ahora con la percepción de corrupción en Bolivia en las nubes con el destape de los actos de corrupción, el país parece que nunca cambió con el Gobierno del MAS”, indicó.

Asimismo, el experto aseveró que los informes de Transparencia Internacional son de percepción, así que dependen de cómo los ve la gente, y no son vinculantes al Estado, por lo que Bolivia siempre prefirió obviar sus resultados.

Consultado sobre cuánto afecta la corrupción en la calidad de la democracia de un país, Castro dijo que afecta directamente porque la democracia es una relación entre el Estado y la sociedad, y la eficiencia del Estado y la ausencia de corrupción es un fin que busca cualquier sociedad.

“Mientras que al frente, la corrupción perjudica a los fines por los que la sociedad creó al Estado, por ejemplo la justicia, o los servicios públicos, por tanto, menos corrupción es siempre más democracia y DDHH, así lo dicen las convenciones de las Naciones Unidas Interamericana contra la corrupción”, indicó.