México: No es el virus: las carencias de los hospitales mexicanos también matan

0
18


Años de descuido han perjudicado a muchos hospitales de México. Ahora, durante la pandemia, algunos pacientes mueren por negligencia o errores que, a decir de médicos y enfermeros, se pueden evitar fácilmente.

 

Las muertes sin sentido son las que más atormentan a médicos y enfermeros: el hombre que murió porque un enfermero inexperto desconectó su ventilador. El paciente que murió de choque séptico porque nadie monitoreó sus signos vitales. Las personas cuyos tubos respiratorios se obstruyeron después de ser abandonadas en sus camas de hospital durante horas.

En México no solo el coronavirus está cobrando vidas. El deteriorado sistema de salud del país también está matando gente.

Años de negligencia ya habían perjudicado al sistema de salud de México, dejándolo peligrosamente corto de médicos, enfermeros y equipos para combatir un virus que ha abrumado a naciones mucho más ricas.

Ahora, la pandemia empeoró las cosas: más de 11.000 trabajadores de la salud mexicanos se han enfermado -una de las tasas más altas del mundo- y mermaron las ya débiles filas de los hospitales. Algunos hospitales han perdido a la mitad de su personal a causa de enfermedad y absentismo. Otros se están quedando sin equipo básico, como monitores cardíacos.

La escasez ha tenido consecuencias devastadoras para los pacientes, según entrevistas con trabajadores de la salud en todo el país. Varios médicos y enfermeros relataron decenas de muertes prevenibles en los hospitales, resultado de negligencia o errores que nunca debieron haber sucedido.

“Hemos tenido muchas ‘defunciones tontas'”, dijo Pablo Villaseñor, médico del Hospital General de Tijuana, el centro de un brote. “No es el virus lo que los está matando, es la falta de atención adecuada”.

Los pacientes mueren porque se les dan medicamentos incorrectos, o la dosis incorrecta, dicen los trabajadores de la salud. Los guantes protectores en algunos hospitales son tan viejos que se rompen en el momento en que se los ponen, añaden los enfermeros. Las personas a menudo no reciben la sedación adecuada, luego se despiertan y se sacan sus propios tubos de respiración, cuentan empleados hospitalarios.

Adriana de la Cruz, enfermera en el hospital Dr. Belisario Domínguez, en la zona sureste de Ciudad de México, dijo que la fuerza de trabajo sobrecargada, y a menudo sin entrenamiento, ha cometido errores evidentes, a un gran costo.

“Sí ha pasado que se han dado muertes por falta de atención y falta de personal, y por negligencias en muchas situaciones”, dijo de la Cruz. “Estos pacientes tendrían más posibilidad de sobrevivir si pudiéramos ofrecer un mejor cuidado. Hacemos lo que podemos”.

El gobierno mexicano gasta en atención a la salud un porcentaje de su economía menor que la mayoría de los países en el hemisferio occidental, según el Banco Mundial. Y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, lideró recortes de gastos incluso después de reconocer que su país tenía 200.000 trabajadores de la salud menos de los que necesitaba.

Cuando la epidemia llegó a México en marzo, muchos hospitales enviaron a trabajadores de primera línea a enfrentar el aluvión de casos sin ningún equipo de protección o capacitación. Algunas enfermeras afirman que les dijeron que no usaran mascarillas para evitar causar pánico. Muchos dicen que fueron obligados a comprar ellos mismos los protectores faciales y las gafas.

Las consecuencias han sido severas. Alrededor de uno de cada cinco casos confirmados en México corresponde a trabajadores de la salud, una proporción mayor a la de Estados Unidos, Italia o China.

El brote de México crece con mucha rapidez y no da señales de disminuir. Las muertes y los casos reportados han crecido cada semana durante los últimos meses y golpean particularmente a Ciudad de México y Baja California, que incluye a Tijuana.

Después de que un análisis del Times encontró evidencia de que las autoridades federales estaban subregistrando los fallecimientos, un alto funcionario de salud admitió públicamente que el gobierno no tiene un conteo preciso de las muertes causadas por el virus.

En el hospital de Villaseñor quedan tan pocos médicos que, durante algunos turnos, los pacientes críticos pasan ocho horas sin que