Preferiría no hacerlo, por ahí estoy mal

Mikio Obuchi
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seguridad y manipulación
Foto: Getty Images

Algo que no nos damos cuenta es que la seguridad nos vuelve manipulables.

“Nunca moriría por mis creencias, porque podría estar equivocado” es la frase que generalmente decora un meme de Bertrand Rusell, una frase muy poco heroica en una primera lectura, pero en el fondo es un abrazo a la complejidad del mundo. Es curioso tenerla presente en un momento donde la certeza hace que: “¿el mundo gire?”

En sí, estar seguro no es un defecto; es una herramienta. Dudar también lo es. El problema está en no regular ninguna. No olvidemos que de la tensión de ambas nacen cosas interesantes. Si bien la seguridad en nuestro obrar nos regala momentos emocionalmente intensos y complacientes, también nos aletarga en una soberbia cómoda (somos hijos de Dios ¿no?).

La seguridad promete cosas y debería cumplirlas (lo seguro actúa como si fuera un samurái, ante un ficticio bushido: si lo ha prometido ya está cumplido, Makoto, eso es y da certeza, pero no es vida, la vida sorprende). Hay que reconocer que la seguridad nos lleva a grandes victorias: premios ganados, amores conquistados, orgullos enaltecidos, derechos conseguidos, etc.  Pero también abre las puertas a perder cosas, la humildad de reconocer errores, cometer errores sintiendo que tenemos derecho de cometerlos, ¿un tirano es tirano por dudar de sus preceptos? (el diablo es puerco decía el papá de Betty).

Algo que no nos damos cuenta es que la seguridad nos vuelve manipulables, eso se ve claramente en el fanatismo que se moviliza en las elecciones (no se habla de política en la mesa, ¿hay comida suficiente en la mesa para callar?), en los fundamentalismos religiosos (mira ese ritual es raro no es de Dios… ¿es budista? No cree en Dios), en las arengas emotivas de moros y cristianos ante cualquier problema (la metáfora moros y cristianos vale por relaciones binarias obvias).

Como me preguntaba en un artículo anterior: ¿la seguridad mata el pensamiento? En muchos casos sí, nos ayuda a simplificar y por ende nos orilla a un binarismo útil, pero para nada justo con una realidad que es más grande y misteriosa de lo que nos muestra nuestra certeza (si voy a vivir para cumplir un programa para que sirve vivir).  Es necesario reconocer que las certezas nos dan piso, tampoco se puede vivir en plan de poner en duda todo.

Preguntarse por las cosas no estar conforme con las respuestas es una forma de pensar, pero tampoco es todo, quizás aquí radique el problema de simplificar las cosas: ser seguro no es 100% práctico y dudar del todo tampoco lo es.

En estos tiempos donde y voy a sonar raro, pero sale así: “rezamos a Dios para revivir un dictador porque el universo nos retribuirá con alegrías”. Es bueno detenerse un momento para contemplar que certezas y dudas conforman un sistema que nos sirve para sobrevivir incluso de nosotros mismos, quizás porque entre tanto chenko olvidamos que las cosas no son tan sencillas.

Buscamos la esencia de las cosas, queremos ser héroes, señalamos culpables, queremos ser buenos y justos, pero olvidamos que no somos infalibles. ¿La realidad es así de sencilla?  De ahí que es muy útil volver a una certeza: ¿morirías por tus creencias, no podrías estar equivocado?… Creo que dejo Facebook y voy por un Sándwich de huevo (Tamago sando).


"La realidad no ha desaparecido, se ha convertido en un reflejo"

Jianwei Xun
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