El 16 de agosto, mientras miles de personas en el aeropuerto de Kabul buscaban desesperadamente salir de Afganistán, el presentador Tucker Carlson, la estrella del prime time de Fox News, advertía a su amplia audiencia sobre una posible invasión a Estados Unidos.

Carlson se ha convertido en una de las principales fuentes de información para la base simpatizante del expresidente Donald Trump y la derecha ultraconservadora estadounidense. Con la misma seguridad con la que ha alimentado las teorías de la conspiración impulsadas por Trump, y legitimado la versión de fraude electoral en las elecciones de 2020, Carlson habló sobre la situación en Afganistán y cerró con una frase tajante: “Vendrán como refugiados, se asentarán aquí, probablemente en nuestros vecindarios, y en una década serán millones. Primero los invadimos a ellos, ahora nos invadirán a nosotros”.

Este cuento de Pedro y el lobo inmigrante-terrorista-robaempleos es bien conocido dentro y fuera del país. Por décadas se ha utilizado la imagen de “el otro” para incentivar el nacionalismo, el racismo y la intolerancia que suelen caracterizar y fortalecer a los regímenes autoritarios. “El otro” es, a conveniencia, refugiado, solicitante de asilo, musulmán, negro, latino, inmigrante. Y aunque las corrientes más progresistas en esos mismos países enarbolan el discurso opuesto, al final el tema queda como un accesorio del discurso de campaña que vuelve a la mesa solo cuando llega la siguiente elección

El mal manejo del retiro de las tropas estadounidenses en Afganistán por parte de la administración del presidente Joe Biden, y su discurso desafortunado de los días posteriores —implicando que las fuerzas de seguridad y los civiles afganos no han tenido la voluntad para sostener la democracia por sí mismos—, han sacudido la política de Estados Unidos. Aunque en general tanto demócratas como republicanos parecen coincidir en que la salida de las tropas de Afganistán era inminente, el tema de las prioridades para evacuar personas cuya vida peligra bajo el gobierno talibán, y la consiguiente responsabilidad de Estados Unidos de brindarles refugio, ha creado una división que puede incidir en el rumbo de las elecciones intermedias de 2022, en las que se renovará una parte del Congreso.

Hace unos días The New York Times entrevistó a más de 40 demócratas que están preocupados por el impacto del tema Afganistán, sumado al COVID-19, en los resultados de la próxima elección: las y los votantes moderados e independientes que les dieron el triunfo en 2020 podrían cambiar de opinión si pierden la confianza en el actual gobierno. En un momento en el que la balanza en el Congreso se puede inclinar hacia un lado o el otro con, literalmente, un voto de diferencia, lo que está en juego es la continuidad de la agenda legislativa de Biden, y posiblemente su reelección.

La primera gran diferencia entre políticos ha sido en