Sobre las apariencias. Esto, lo otro, aquello y Matrix

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La gente extraordinaria tiene aspecto convencional, muy simple y sencillo. Creo que aquel que en su interior lleva el mayor conflicto con el mundo que lo rodea, no lo entiende y en la mayoría de los casos no lo acepta; no tiene necesidad de adornarse ni de llamar la atención.

Al contrario. Esta persona trata de pasar desapercibida. Por ejemplo Kafka. No creo que hubo muchas personas más extrañas y excéntricas que él. Sin embargo, el escritor pasó casi toda su vida trabajando en una oficina de una casa aseguradora. Detrás de un escritorio desapercibido y mimetizado entre otros burócratas, trabajaba uno de los más grandes genios de la literatura universal.

Hoy en día, los simples se adornan, se desnudan, hacen locuras con su imagen para llamar la atención. Y lo más triste es que hay un ejército de millones que alimenta su pobreza interna con esas imágenes.

Sobre el amor

Los humanistas creen que el amor ennoblece. Sin embargo, en la mayoría de los casos en vez de ennoblecer lo deja a uno traumado. El amor suele ser una enfermedad complicada, después de la cual, en caso de sobrevivirla, quedan cicatrices difíciles de sanar. Además, de las cicatrices, quedan cuentas bancarias vacías, fotografías rotas, casas en venta. Al mencionar el nombre de alguien, los sonidos de una canción, el paseo por una calle, o el sabor de un pastel, provocan tristeza. Una relación de pareja se podría medir por la intensidad del dolor provocado mutuamente. Por la cantidad de decepciones y sueños abandonados. Hoy en día, los medios, especialmente las redes sociales, se inundan de mensajes alentadores. Poco sirven cuando uno ha experimento el dolor intenso de largos años de sufrimiento y abandono. El otro día leí: “Un día alguien te abrazará tan fuerte que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo”, (Jodorowsky). Podría ser posible siempre y cuando las partes rotas no se conviertan en armas. Un espejo roto puede provocar serias heridas.

Biografías

No me gustan las biografías. Las biografías pesan demasiado. Una vez logrado el éxito, una vez famosa la persona hasta llegar a ser ídolo ya es demasiado desgastada como para todavía tener uno que bancarse su historia biográfica. Y los observo a todos estos personajes que ocupan las primeras planas de los medios; de verdad que comienzan a creer que todo lo que se dice de ellos es verdad. Es decir, comienzan a comportarse según la imagen que sus posiciones suponen. Ellos de verdad comienzan a identificarse con su posición de tal manera que caminan como las estatuas de bronce. Mascan, hablan, gesticulan, conversan como si estuvieran haciendo algo tremendamente importante. Creen ser irremplazables y sumamente importantes. Y nadie lo es.

Ideologías

Recuerdo las palabras de un profesor con el que me gustaba tener largas conversaciones en la secundaria. El decía  que  “la sociedad del Siglo XX (fui a la secundaria el siglo pasado) es tan compleja que difícilmente se podría identificar con una ideología aunque ésta fuera muy salvadora, moderna y vanguardista. Vivimos una época de crisis de las ideologías. Con tantas teorías y filosofías hoy en día uno puede defender cualquier tesis que se le ocurra, pero eso simplemente no significa nada. Absolutamente nada. Al aferrarse a una ideología lo que uno hace es inhabilitarse para abrazar la vida sin definiciones y ser absolutamente libre. Libertad es la palabra que les gusta repetir a muchos teoréticos e ideólogos. Cuando más se la quiere definir dentro de un concepto determinado y fríamente enmarcado, la libertad deja de ser libertad. ¿No le parece?, me hacia la pregunta el profesor. Por cierto, siempre venía con medias de diferente color. Es decir, una de un color y otra de otro color. Esa era la señal que me convencía de que él sí sabía lo que es la libertad.

Miedo

El miedo a vencer dentro de una sociedad; religión o  ideología es tomar la decisión de vivir libre. Vivir fuera de un concepto preestablecido y ampliamente aceptado por todos, aunque sea este de medio uso; estar fuera de un sistema de pensar que le ofrece una seguridad mediana (como una prótesis de apoyo), a la mayoría le da miedo. Es como estar en una habitación llena de muebles grandes en la que el ropero ocupa demasiado espacio y tapa la vista al jardín soleado. No hay salida de esta habitación-trampa. Es un espacio engañoso. Sin sol. Esto no es la verdadera libertad. Esto es: mirar la vida llena de caras sin expresión, caras de una masa sin nobleza que canta, come, se alimenta y se reproduce. Cómodamente imbuida en el Matrix totalmente exento de libertad.