La granja de los animales 4

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La más peregrina idea que se podría imaginar en un medio surrealista como el boliviano, es la del viceministro Cáceres, planteando que, a fin de que la coca excedentaria no se desvíe al narcotráfico, el Estado comprará el producto de 4.000 hectáreas de coca, dizque, para destinarla a la “industrialización o como abono agrícola”. A los precios actuales, esta curiosísima operación, significaría una erogación de US $50 millones anuales. En 500 años de convivir con la hoja sagrada, nadie ha podido industrializarla y mucho menos utilizarla de abono, por lo que el Estado tendría que construir grandes silos para que la coca permanezca allí hasta secarse, o si se prefiere una solución más económica, comprarla y quemarla. ¿Pero por qué diablos, en este país de inmensas necesidades y carencias tendríamos que comprar coca excedentaria, sólo para favorecer a la base política del Gobierno, que son los cultivadores del Chapare? Con el mismo derecho ya los de Yungas han planteado que se les compre también a ellos ¿Y quién garantiza que ese es el remedio al narcotráfico, cuando ya hay 30.900 hectáreas dedicadas al cultivo? Quizá un psiquiatra podría dar alguna clave para entender este razonamiento.

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Con la filosofía de que “hay que meterle nomás” el presidente ha resuelto que se lleve adelante la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por en medio del parque Isiboro Sécure ante la protesta de los originarios del lugar y ecologistas y científicos que advierten sobre el tremendo daño que ese camino causará a la naturaleza. Olvidando todo el discurso “pachamámico”, al Gobierno parece no importarle que esa carretera de 50 metros de ancho significará la destrucción inmediata de medio millón de árboles, muerte de la fauna y aniquilamiento de centenares de miles de especies vegetales, fuera del asentamiento de cocaleros, cuyo número ya alcanza a 5.000 dentro del parque, por eso es que la prensa brasileña considera que esta será la carretera del narcotráfico. Las dos alternativas razonables: la construcción de un ferrocarril o el retrasado de la ruta, bordeando el parque, aunque ello signifique un monto adicional que a la larga sería pagado con creces por la preservación del parque, han sido desechadas. Ojala prime la cordura.

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La relación con Chile desde hace 6 años se ha desarrollado con total frivolidad e ignorancia y las consecuencias de ello, las hemos visto en la sonrisa gélida de Piñera en Lima, donde finalmente el vecino país, descubrió su verdadero rostro. De nada pues han servido, la improvisación, el cambio de cónsules generales, como si fueran medias, insistiendo además en que vayan generales en retiro, cual si las ausentes charreteras pudieran impresionar a nadie en Santiago hasta la partida de fútbol, para la que se prestó Piñera pese a su edad, sabiendo que era un gesto vacuo e inútil, pero que le agradaba al mandatario boliviano. Durante 6 años, nos hicieron creer que algo positivo se tramaba entre los gobiernos de La Moneda y La Paz, pero de pronto en el día del mar, el presidente Morales, pateó el tablero y nunca nos hemos enterado de qué ofreció Chile en tantos años, pues la explicación de que “nos engañaron”, nos convierte en unos tontines, incapaces de entender las lecciones de la historia o percibir las movidas del contrincante.

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Ya los ex presidentes de la República a los que se citó a Palacio Quemado, se han quejado de que nunca más se los haya convocado, en la reunión del Canciller con los ex ministro de RR.EE., dos de ellos, son empleados de Insulza, en la OEA, de manera que lo que se trató allí ya es de conocimiento de Chile (si es que eso importa), y uno de ellos está ahora con mandamiento de apremio, por gastos reservados. La opinión pública percibe que todo termina finalmente en teatro, incluso la reunión de Lima. No es posible que se quiera “aprovechar”, la presencia del mandatario chileno allí, para darle la lata y terminar con casi un bofetón en la cara. Para que ya no seamos majaderos, los mandatarios chilenos han declarado que no nos deben nada y que se reiniciará el diálogo, siempre que Bolivia respete el tratado de 1904. ¿Qué hacemos entonces, ya que nos falló Garzón, quizá podamos consultarlo a Maradona? ¿Amenazar con que vamos a ir a La Haya, donde todo hace suponer que jurídicamente nos ganaría Santiago? ¿Acudir a la Pachamama, como preferiría el canciller Choquehuanca, aunque la Madre Tierra esté enojada por el daño ecológico que se anuncia en Isiboro Sécure?

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Los bolivianos votaremos en octubre, en una elección “inédita” para nombrar 56 autoridades judiciales, de los que la gran mayoría están vinculados al partido de Gobierno, por lo que la gente está temerosa de que este remedio de la elección directa sea peor que la enfermedad de antaño, del cuoteo en el parlamento donde por lo menos los nombrados habían salido de Facultades de Derecho y tenían experiencia en un asunto tan delicado, como es la administración de la justicia. Pese al golpe bajo que le ha dado el senador Rojas (el de los perros sacrificados en Achacachi, cuando era Alcalde) a Del Granado, acusándolo de ser enemigo de los indígenas, la consigna por el voto nulo ha cundido con fuerza, pues la gente tiene el temor de encontrarse ante otra farsa. ¿Cómo es posible que los candidatos no sean capaces de contestar con coherencia, un cuestionario de apenas dos preguntas, que les han formulado en la Asamblea y después pretender hacer de jueces, sin conocer nada de Derecho? Pese a su pregonado indigenismo el 95% de ellos sólo hablan español, pues desconocían el quechua, el aimara y el tupi-guaraní.