La satanización de la tecnología y la juventud

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“La sociedad que reciben los jóvenes fue forjada por las decisiones de los hoy adultos.”

Son interminables las disquisiciones sobre las pérdidas que implica la apropiación de la tecnología en la vida cotidiana de la juventud y tienen toda suerte de ideas que sin ningún debate encuentran total aceptación entre el público. Sus principales banderas de lucha son: la suposición de que la tecnología está arruinando la ortografía, que ha generado más agresión entre los jóvenes, ha dividido la familia y sus sagrados lazos, genera pérdida de la identidad cultural, bajo rendimiento académico, entre otros.

Frente a estos debates siempre me asalta la sensación de insatisfacción, pues me cuestiono ¿acaso todos estos síntomas problemáticos no existían antes de la democratización de los recursos tecnológicos?

Ahora bien, intentaré esbozar mis ideas al respecto de las afirmaciones “adultas” de preocupación, con el ánimo de generar controversia, pues un pensamiento único no puede definir toda una generación, sin que esta sea tenida en cuenta.

La ortografía es un canon socialmente establecido y regulado por academias, que en el caso nuestro es la Real Academia de la Lengua Española (RAE). Dicho control establecido, ha reconocido la introducción de nuevos elementos a lo “oficial”, introduciendo nuevas palabras en el diccionario. La cuestión es que el lenguaje es una construcción social, dinámica, que debe moverse con las trasformaciones sociales, exigiendo flexibilidad y comprensión a los estudiosos del tema. Con seguridad a principios del siglo XIX también debieron ingresar muchas palabras nuevas como resultado de las nuevas dinámicas sociales, por ejemplo plusvalía, proletariado, tuerca, capital, revolución, entre otras.

Así que bajo mi perspectiva, no debemos alejarnos de la regulación de la RAE, el cuidado de la forma de escribir, sigue siendo una exigencia del Sistema Educativo, pero esto no debe convertirnos en moralistas del idioma, pues los cambios en las formas de expresarnos, son inherentes a una época de profundas trasformaciones en la vida cotidiana.

Pasando a otro de los elementos enunciados, se dice en muchas ocasiones que la tecnología ha generado más agresiones entre los jóvenes, sin embargo, de nuevo me pregunto ¿no habían agresiones antes de la introducción de la tecnología?

Las redes sociales y la facilidad para comunicarse desde mi criterio, han fortalecido los procesos humanos que ya venían dándose, es decir, entre los jóvenes ya existían relaciones basadas en el irrespeto del otro, de la diferencia y la individualidad. Sobre este contexto los recursos tecnológicos han facilitado el atropello del otro.

Esto me lleva al siguiente argumento, ¿acaso la tecnología es la única responsable del resquebrajamiento de los vínculos familiares? En cada época de la historia, se le ha asignado un lugar a la familia como célula principal de la estructura social, razón por la cual, podría realizarse un estudio histórico de la familia que concebía el feudalismo, la familia del capitalismo, etc.

Las responsabilidades en las familias han mutado durante el siglo XX, de tal manera que la estructura considerada sagrada por muchos creyentes religiosos, ha venido transformándose por las nuevas dinámicas sociales y económicas. De esta manera, la tecnología, nuevamente, ha venido solo a reforzar cambios sociales ya existentes.

En cuanto a la pérdida de la identidad cultural, este es un debate bastante delicado, pues si hablamos de población indígena, afro-descendiente o ROM, habría que aclarar que hay un acervo de conocimientos y prácticas que vienen transmitiéndose de generación en generación. Pese a la fuerza de la oralidad y su enseñanza cotidiana, desde la conquista y colonia, vienen dándose procesos de aculturación y sincretismo, generando cambios en las prácticas milenarias, en muchas ocasiones, cambios introducidos de forma violenta.

Ahora, los recursos tecnológicos, una vez más, están siendo responsabilizados de un proceso que trasciende la llegada de los mismos. Pues, si bien es fundamental la salvaguarda del patrimonio inmaterial, es irresponsable afirmar que solo la tecnología es causa de su riesgo.

En cuanto a la población que el DANE ha nominado como “población mayoritaria”, es decir, quienes no somos ni indígenas, ni afro-descendientes, ni ROMANI, vale la pena mencionar, que la construcción de identidades ha venido mutando desde los nuevos roles que emergen para los jóvenes a partir de su ejercicio de la ciudadanía en el siglo XX. En estas nuevas formas de asumir la ciudadanía, todas igual de validas, la tecnología no ha generado pérdidas; diría que al contrario, ha posibilitado la diversidad y diferencia, aspecto que enriquece los matices sociales y las construcciones humanas.

En otro sentido, la preocupación por el bajo rendimiento académico de los jóvenes, es un debate bastante interesante, pues habría que preguntarse para empezar: ¿qué tan alto era el rendimiento académico antes de la llegada del a tecnología?, además, ¿cuál era el método implementado?

Estas preguntas posibilitarían poner en contexto las ideas de aprendizaje, que a lo largo del siglo XX con el desarrollo de la psicología cognitiva y el fortalecimiento de la pedagogía y didáctica, han transformado y siguen en proceso de renovación sobre las concepciones de éxito educativo.

Al margen de las disertaciones académicas en el mundo de la educación, también habría que preguntarse sobre las trasformaciones que ha sufrido el proceso de pensamiento como tal para los jóvenes, pues a mi modo de ver, el bajo rendimiento académico, se debe en parte a que tenemos un Sistema Educativo del Siglo XIX para estudiantes del Siglo XXI, razón por la cual, sería oportuno modificar las prácticas educativas para motivar a los jóvenes y de esa manera mejorar los índices de desempeño académico.

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