
La captura en Santa Cruz, Bolivia, de una de las principales figuras criminales del Pacífico colombiano abre interrogantes sobre su posible vinculación con dinámicas transnacionales más allá de Colombia.
Jorge Isaac Campaz Jiménez, alias “Mapaya”, el líder de los Espartanos, uno de los grupos criminales más importantes del Pacífico colombiano, fue capturado el 6 de abril por la policía boliviana.
El operativo se realizó luego de que las autoridades obtuvieran información de inteligencia sobre la presencia de ciudadanos extranjeros de alta peligrosidad en una casa de campo en las afueras de la ciudad de Santa Cruz. Estas fueron recibidas en el lugar con un intercambio de disparos.
Además de Mapaya, otros 10 individuos de nacionalidad colombiana y 2 de nacionalidad boliviana fueron capturados. Se les acusa de tentativa de homicidio, posesión ilegal de armas y asociación ilícita, delitos por los que serán procesados en Bolivia.
El gobierno colombiano, por su parte, solicitó la extradición de dos de los capturados, entre los que se encuentra Mapaya, quien enfrentará cargos por delitos de concierto para delinquir agravado y portación ilegal de armas.
En la zona urbana de Buenaventura, los Espartanos son uno de los principales operadores logísticos del tráfico de cocaína a través del principal puerto de Colombia en el Pacífico. Al igual que los Shottas, su principal enemigo, prestan servicios a grupos criminales y redes de narcotráfico para contaminar contenedores dentro y fuera de las terminales portuarias, y facilitan el envío de lanchas rápidas con droga para infiltrar cargas en altamar.
Mapaya tomó notoriedad en 2020 a partir de la fragmentación de una banda criminal conocida como La Local, de la cual surgieron ambas facciones rivales. Ese mismo año, asumió el liderazgo de los Espartanos y en 2021 se dio a la fuga y continuó dirigiendo al grupo desde la clandestinidad y, al parecer, desde el exterior.
La migración criminal bonaverense
La captura de Mapaya se suma a una serie de detenciones en el extranjero de cabecillas y miembros de los principales grupos criminales de Buenaventura, lo que pone en evidencia la expansión territorial de estos grupos más allá de Colombia.
Si bien los Shottas y los Espartanos siguen siendo vistos por las autoridades colombianas como actores criminales de alcance local, sus estructuras responden cada vez más a dinámicas transnacionales, como mencionó a InSight Crime Linda Posso, coordinadora de la Oficina Pares Pacífico de la Fundación Paz y Reconciliación, un centro de investigación colombiano especializado en el análisis del conflicto armado.
“Esta internacionalización hace parte de un proceso de configuración dentro de estas bandas que funciona porque el principal elemento articulador de estas pandillas es una economía ilegal que necesita tener abiertas diferentes puertas de cara al comercio internacional”, aseguró.
La migración criminal de las bandas de Buenaventura tomó fuerza en 2021, luego de que miembros de los Shottas y los Espartanos huyeran de la violencia desatada por la fragmentación de La Local.
En febrero de 2026, Diego Fernando Bustamante, alias “Diego Optra”, el principal líder de los Shottas, fue capturado en España. Presuntamente habría llegado al país europeo en 2025 con el objetivo de evadir a las autoridades colombianas. En septiembre de 2025, John Camilo Flórez Moreno, alias “Ñoño”, tercero al mando de los Shottas, fue capturado en Chile.
Chile es uno de los países donde los miembros de estas bandas se establecieron debido a la presencia de una comunidad de migrantes de Buenaventura que se instaló a partir de 2006, atraída por la fiebre minera.
Los Shottas y los Espartanos tienen presencia en diferentes zonas de Chile, principalmente en Santiago, Tarapacá y Antofagasta. En noviembre de 2024, 40 personas fueron capturadas en Tarapacá, acusadas de pertenecer a los Shottas, y en febrero de 2025 fueron arrestados 32 miembros de los Espartanos en Santiago. De hecho, cinco de los colombianos capturados con Mapaya en Bolivia habían sido previamente condenados por delitos relacionados con drogas en Chile y expulsados del país.
En Chile, estas bandas se han dedicado a economías criminales como la extorsión, los préstamos gota a gota y el microtráfico de drogas. Sin embargo, su presencia en zonas portuarias en regiones como Antofagasta alerta sobre la posibilidad de la incursión de estos grupos en el narcotráfico fuera de Colombia.
La captura de Mapaya en Bolivia refuerza estas alertas. Santa Cruz es un epicentro de la negociación de cargamentos de cocaína, desde donde puede ser transportada a puertos de salida en países como Brasil o Chile. En marzo de 2026, Sebastián Marset, uno de los narcotraficantes más buscados de América Latina, fue capturado en Santa Cruz.
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