Hondurasgate. Las “advertencias” de Trump: No compren a “los chinos”

“Los chinos estaban ofertando, pero nosotros no vamos a ceder”, dijo Asfura a Hernández en uno de los audios.
Expulsar a China de América Latina es el objetivo central de la estrategia del repliegue hemisférico durante el segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. Aquel célebre This is OUR hemisphere —“Este es NUESTRO hemisferio”—, declarado tantas veces por el presidente estadounidense y por altos cargos de su gobierno, puede traducirse sencillamente como “China fuera de América Latina”.
Y no solo se refiere a potenciales acuerdos militares o estratégicos de Pekín en la región, sino incluso a inversiones económicas o en infraestructuras. No es casualidad que la Corte Suprema de Panamá, bajo el gobierno conservador y pro estadounidense de José Raúl Mulino —delfín de Ricardo Martinelli— determinase arbitrariamente que el acuerdo con la empresa hongkonesa CK Hutchison para la gestión de los puertos Balboa y Cristóbal en el Canal de Panamá era inconstitucional.
Prioridad para los capitales estadounidenses
Algo parecido está sucediendo en Honduras: “Los chinos estaban ofertando, pero nosotros no vamos a ceder”, le dijo Nasry Asfura al propio Juan Orlando Hernández el 10 de febrero de 2026. A Hernández, al que Asfura llama cariñosamente “presidente”, Asfura le dejó clara cuál era la directriz norteamericana al respecto de la prioridad en las inversiones extranjeras dentro de Honduras: Aislar a China.
“Presidente, qué gusto saludarle. Ya tuvimos una sesión privada con círculos inversionistas y están muy positivos para ver la expansión de en Roatán de la ZEDE y en Comayagua, para también Palmerola, vamos a mover otra Palmerola específicamente ahí en Roatán, adonde está Próspera. Una base… Eso ya lo negociamos. También el interoceánico. Se lo vamos a entregar a General Electric”.
La prioridad para los capitales estadounidenses es una de las exigencias que la administración Trump está poniendo encima de la mesa tanto a sus aliados como a sus adversarios regionales. En el caso de los primeros, Washington brinda contrapartidas como ventajas en el acceso a créditos. Tal fue la situación con el gobierno argentino de Javier Milei, diligentemente alineado con la Casa Blanca e implicado en los audios del Hondurasgate, que recibió un rescate económico in extremis para sobrellevar las últimas semanas antes de las elecciones legislativas del año 2025.
Y ese parece ser también el caso en Honduras, evidentemente. Para Trump, el botín es doble. De un lado, contenta a grandes nombres propios del capitalismo estadounidense, algunos de los cuales con toda probabilidad serán cercanos personalmente a él; del otro lado, limita que China siga accediendo a mercados latinoamericanos a través de sus mejores condiciones y las oportunidades que brinda en ámbitos como el de las infraestructuras. De igual forma a como ocurriera con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en Argentina, ahora Estados Unidos esperaría conseguir algún tipo de legislación que abra por completo las puertas de Honduras al capital concentrado norteamericano.
No compren a China
Otro fragmento de uno de los audios de Nasry Asfura a Juan Orlando Hernández aclara lo siguiente: “La idea es también comprar todo lo que es metales y demás, específicamente a Argentina y a Estados Unidos, evitando Canadá y China, fueron las advertencias que recibimos. Los chinos estaban ofertando, pero nosotros no vamos a ceder. Vamos a ponerle un alto a eso. y sobre la cárcel CECOT hondureño también se viene, dentro de Tegucigalpa”.
Evitar comprar a China y a Canadá —con los canadienses, la disputa del presidente Trump es menos alevosa, aunque igualmente reseñable— y priorizar a Estados Unidos y, evidentemente, a la Argentina de Javier Milei. Ese es el mandato norteamericano y así se lo presenta el propio Asfura a Hernández: “Fueron las advertencias que recibimos”.
De nuevo, el marco es mucho más amplio. Trump ya había conseguido que Panamá abandone los acuerdos en torno a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, a pesar de los incentivos y las ventajas que otorgaba al país centroamericano como consecuencia de las condiciones favorables ofrecidas por Pekín. También consiguió que el gobierno argentino rehusase incorporarse a BRICS+, pese a haber logrado la aceptación durante el gobierno de Alberto Fernández.
La estrategia de Trump para Honduras, basada en la expulsión de China del país y de la región, es una mera extensión de lo dispuesto en su Estrategia de Seguridad Nacional. En el documento, publicado en noviembre de 2025, Washington deja clara su vocación de convertirse en socio preferente de todos los gobiernos de América Latina. Para ello, fiel a la Doctrina Monroe —o, más específicamente, a su forma actualizada, la Donroe Doctrine—, se busca incentivar mediante favores y, al mismo tiempo, amenazar con represalias si no se cede.
“Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de desplegar fuerzas u otras capacidades amenazantes, así como de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”, se dice explícitamente en la Estrategia de Seguridad Nacional. Es evidente que con “actores no hemisféricos” se refieren, por encima de cualquier otro, a China. Negociaciones como las que Estados Unidos ha tenido con Asfura y Hernández ratifican esta estrategia y convierten a estas figuras en los facilitadores hondureños del plan trumpista para el control de América Latina.












