China bloquea las sanciones de Estados Unidos contra cinco refinerías por comprar petróleo iraní

EEUU ha sancionado a Hengli Petrochemical (Dalian), la segunda mayor refinería de petróleo independiente o "teapot" de China, por comprar petróleo iraní por valor de cientos de millones de dólares.
La medida china contribuye a consolidar una realidad de dos sistemas económico-legales cada vez más separados, en la que las empresas deberán escoger qué conjunto de normas priorizan y asumir las consecuencias de esa decisión.
China ha ordenado bloquear las sanciones impuestas por Estados Unidos contra cinco refinerías chinas acusadas de participar en la compra de petróleo iraní. La decisión, anunciada el 2 de mayo de 2026 por el Ministerio de Comercio, supone una nueva escalada en la disputa económica y legal entre Pekín y Washington, y llega a menos de dos semanas de la visita de Donald Trump al país asiático –prevista para los días 14 y 15 de mayo– para reunirse con Xi Jinping.
La orden establece que no deben reconocerse, ejecutarse ni cumplirse las sanciones estadounidenses contra Hengli Petrochemical (Dalian) Refining, Shandong Shouguang Luqing Petrochemical, Shandong Jincheng Petrochemical Group, Hebei Xinhai Chemical Group y Shandong Shengxing Chemical.
Estas empresas habían sido incluidas por Washington en la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN), lo que implica la congelación de activos bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de realizar transacciones con ellas.
La medida se produce en un contexto marcado por la guerra de Irán y por el intento de Estados Unidos de reducir los ingresos energéticos de Teherán. En concreto, el Departamento del Tesoro había sancionado, el pasado 24 de abril, a Hengli Petrochemical (Dalian) Refining por haber comprado petróleo iraní valorado en miles de millones de dólares.
Las otras cuatro refinerías incluidas en la orden china ya habían sido sancionadas previamente por la administración republicana de Donald Trump como parte de la campaña de “máxima presión” contra Irán.
Estas instalaciones forman parte del sector de refinerías independientes chinas, conocidas habitualmente como teapots, que han adquirido un papel relevante en la compra y el procesamiento de crudo procedente de países sometidos a sanciones occidentales. En la actualidad, se estima que representan alrededor de una cuarta parte de la capacidad de refinamiento de la potencia asiática.
El Departamento del Tesoro estadounidense sostiene que las teapots desempeñan un papel central en el mantenimiento de la economía petrolera iraní. Desde febrero de 2025 han sido sancionadas más de 1.000 personas, buques y aeronaves vinculadas a la República Islámica dentro de esta campaña de presión económica.
Más allá de las refinerías chinas
La decisión del gobierno chino tiene una gran importancia que va mucho más allá del caso concreto de las cinco refinerías afectadas. Al ordenar que las sanciones estadounidenses no sean reconocidas ni cumplidas en su territorio, Pekín está desafiando uno de los pilares centrales del poder económico de Washington.
Concretamente, su capacidad para apoyarse en el peso de su economía, en el papel internacional del dólar y en el control de ciertos puntos críticos del sistema financiero y comercial para transformar sus sanciones en normas de alcance global.
Pekín justifica la legalidad del bloqueo en la Ley de Seguridad Nacional, la Ley de Relaciones Exteriores, la Ley contra Sanciones Extranjeras y las disposiciones chinas contra la aplicación extraterritorial indebida de leyes extranjeras.
El Ministerio de Comercio sostiene que las sanciones estadounidenses suponen un ejercicio injustificado de jurisdicción extraterritorial, con efectos sobre la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo nacionales.
En la práctica, esta decisión se traduce en una presión creciente sobre las empresas con intereses en ambos mercados. Una compañía que cumpla con las restricciones estadounidenses puede exponerse a investigaciones o represalias en China, pero una empresa que las ignore corre el riesgo de ser aislada por el sistema financiero y regulatorio de Estados Unidos.
La medida china contribuye así a consolidar una realidad de dos sistemas económico-legales cada vez más separados, en la que las empresas deberán escoger qué conjunto de normas priorizan y asumir las consecuencias de esa decisión.
A las puertas de la cumbre Trump-Xi
La orden también llega en un momento políticamente delicado. Trump tiene previsto viajar a Pekín los días 14 y 15 de mayo, en la que sería su primera visita a China en ocho años y su primer encuentro presencial con Xi Jinping desde la tregua comercial alcanzada en octubre de 2025.
La guerra con Irán ya había introducido un nuevo foco de tensión en la relación bilateral. La cumbre, prevista inicialmente para finales de marzo, fue retrasada hasta mediados de mayo por el impacto del conflicto en la agenda exterior estadounidense.
Además, el peso de China como principal comprador del petróleo iraní y la presión de Washington para reducir los ingresos energéticos de Teherán convierten la cuestión iraní en uno de los asuntos más sensibles de la reunión entre Trump y Xi. La decisión de Pekín funciona, por lo tanto, como una señal política previa a la cumbre.
La medida parece encajar además en una lógica más amplia de preparación para la confrontación económica. Desde la tregua comercial de octubre, Pekín ha reforzado sus herramientas de presión con controles sobre tierras raras, restricciones al uso de chips extranjeros en centros de datos financiados por el Estado y nuevas normas contra actores que discriminen las cadenas industriales chinas o apliquen jurisdicción extraterritorial contra entidades del país.
En este caso resulta especialmente relevante que, en abril, el primer ministro Li Qiang aprobara la entrada en vigor de dos nuevas regulaciones que permiten investigar a empresas, gobiernos e individuos extranjeros en estos supuestos, con posibles restricciones de entrada al mercado nacional, expulsiones o incluso incautación de activos.
Pekín parece asumir que la estabilidad comercial con Washington solo puede sostenerse si cuenta con instrumentos propios para elevar el coste de una nueva escalada. La orden contra las sanciones estadounidenses puede leerse, por lo tanto, como una manifestación práctica de esa preparación.
Si bien el bloqueo no elimina por sí solo el fuerte impacto de las sanciones de Estados Unidos, sí marca un nuevo nivel de confrontación jurídica y geoeconómica en la antesala de la cumbre de mayo.












