¿La ola azul pone en cuarentena el auge de la IA en los mercados o más bien trasciende las divisiones partidistas?

Centro de datos en Texas | Foto OpenAI
- La victoria demócrata en Texas, Ohio y Georgia abre la puerta a posibles moratorias en la construcción de centros de datos, en vista de que la oposición a la instalación de estas infraestructuras fue precisamente uno de los ejes centrales de la campaña electoral.
- “La IA se ha convertido en un elemento estructural del desarrollo económico de Estados Unidos”, afirma Michael Strobaek, director global de inversiones de Lombard Odier. Y mientras los inversores tratan de calibrar hasta qué punto un Congreso demócrata podría endurecer la regulación de esta tecnología, la entidad suiza sostiene que la tesis de inversión permanece intacta.
- En la misma línea opina el banco suizo UBS. Mark Haefele, el responsable de inversión de su división de gestión patrimonial, apunta que “la volatilidad en torno a la inteligencia artificial puede aumentar por la política, pero la demanda subyacente sigue siendo sólida”.
El vuelco político registrado en Estados Unidos tras el resultado de las elecciones de mitad de mandato, que ha dado a los demócratas el control de las dos cámaras, azuza la incertidumbre sobre el auge de la inteligencia artificial. El mercado está poniendo en precio si la ola azul implicará una desaceleración de la fuerte apuesta por la IA que están haciendo las empresas tecnológicas, mientras valora un potencial frenazo en la construcción de centros de datos en EE UU, donde los demócratas han vencido en estados clave gracias a una campaña que ha tenido en el punto de mira la fuerte expansión de estas instalaciones. “Una mayor volatilidad podría convertirse en la nueva normalidad, lo que favorecería a las plataformas y los proveedores de infraestructuras con finanzas sólidas, así como una exposición diversificada en toda la cadena de valor de la IA”, aseveran en UBS.
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Las primeras señales de una potencial desaceleración de la IA se han sentido en Asia, donde los fabricantes de semiconductores se han dejado llevar por las caídas. Las acciones de la japonesa Kioxia han corregido un 5,4%, mientras que las de la surcoreana SK Hynix han terminado subiendo un 2%. Ya en Europa, los títulos de ASML cotizan en tablas, mientras que en el mercado español las empresas más expuestas a la IA, con Merlin Properties, se dejan llevar por las alzas. La socimi sube más del 1,8%. En Wall Street los futuros han capeado las dudas iniciales y se dejan llevar por las ganancias, dado que la fuerte victoria demócrata ahuyenta cualquier intento de impugnación del resultado. Entre los valores que caen destacan SpaceX y Tesla: sus futuros caen más del 4% ante posibles cambios en la legislación que resulten menos beneficiosos a ambas.
Inversores y analistas temen que la victoria demócrata en estados como Texas, Ohio o Georgia implique la paralización de buena parte de los proyectos de centros de datos ya anunciados. La oposición a la instalación de estas infraestructuras ha sido, de hecho, uno de los ejes centrales de la campaña de la nueva senadora demócrata por Texas, Regina Hinojosa, que se habría mostrado incluso a favor de una moratoria para estas plantas y que han replicado en los otros estados.
Texas es uno de los enclaves estadounidenses donde las empresas de centros de datos han hecho una mayor apuesta, tanto que, según cálculos de Jefferies, cerca de un 25% de la capacidad de los centros de datos estadounidenses que se prevé que entre en funcionamiento para 2030 está allí. La promesa de energía barata y exenciones fiscales había atraído hasta este estado proyectos de grandes tecnológicas como OpenAI, Anthropic, Oracle, Microsoft, Google, Meta y Amazon. En caso de restricciones federales, Gil Fortgang, analista de T Rowe Price apunta que “los proyectos de centros de datos probablemente se desplazarán a estados más favorables”.
Los estrategas de ING recuerdan que “los demócratas han adoptado una postura más firme contra el enfoque de libre mercado que el gobierno ha aplicado al sector de la IA. Dado que gran parte del crecimiento estadounidense depende actualmente del auge de la IA, una política más estricta podría empezar a generar resistencia”.
Michael Strobaek, director global de inversiones de Lombard Odier, coincide en que el auge de la IA se ha consolidado como uno de los principales motores de la economía estadounidense y de los mercados bursátiles. “La IA se ha convertido en un elemento estructural del desarrollo económico de Estados Unidos”, afirma. Y mientras los inversores tratan de calibrar hasta qué punto un Congreso demócrata podría endurecer la regulación de esta tecnología, la entidad suiza sostiene que la tesis de inversión permanece intacta. A su juicio, el potencial alcista de la industria no va a desvanecerse y una mayor supervisión regulatoria no tiene por qué ser necesariamente negativa.
El ejecutivo, de hecho, rechaza la idea de que el auge de la inteligencia artificial estuviera ligado exclusivamente a los republicanos. Al contrario, trasciende las divisiones partidistas. Prueba de ello es que en 2022, bajo el mandato de Joe Biden, se aprobó la Ley de Ciencia y chips, para reducir la dependencia exterior en la fabricación de semiconductores. “¿Era la inteligencia artificial simplemente una apuesta vinculada a Trump? Lo dudo”, dice. A su juicio, aunque las elevadas valoraciones, el endeudamiento y el apalancamiento de algunas compañías pueden provocar episodios de corrección, la tesis de inversión de la IA permanece intacta. “No estamos entre quienes creen que vaya a descarrilarse aquí y ahora. Puede haber ajustes, pero pensar que la IA puede desaparecer de la ecuación de un día para otro es ficción”, afirma.
En la misma línea opina el banco suizo UBS. Mark Haefele, el responsable de inversión de su división de gestión patrimonial, apunta que “la volatilidad en torno a la inteligencia artificial puede aumentar por la política, pero la demanda subyacente sigue siendo sólida”. En su opinión, una mayor supervisión del Congreso no tiene por qué descarrilar el ciclo inversor en IA, si bien la nueva composición federal “puede resultar más determinante para cada proyecto de centro de datos que el cambio en el control del Congreso”.












