Una pequeña guerra fría

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Stratfor viene realizando una cronología de lo que denominamos el fin de la post Guerra Fría en un mundo con tres pilares: Estados Unidos, Europa y China. Dos de estos tres grandes actores están cambiando su comportamiento en los últimos años. Hemos hablado del final del alto crecimiento de China y de su expansión con salarios bajos. También hemos hablado de la profunda crisis institucional en Europa como resultado de sus problemas económicos. Hemos hablado acerca de algunos de los posibles sucesores de China. Lo que necesitamos discutir ahora es el sistema que va a surgir de la post Guerra Fría y, para ello, tenemos que examinar los cambios en el comportamiento de Rusia.

Caos en Rusia

Rusia atravesó por dos fases en la post Guerra Fría. La primera fue el caos que inevitablemente se produjo al colapso de la Unión Soviética. Caos que a momentos pudo confundirse con liberalismo y en concebir a Rusia liberal durante la década posterior a la Unión Soviética. Pero Rusia bajo Boris Yeltsin era más caótica que liberal, con un programa de privatización que enriqueció rápidamente a los que supieron organizarse para aprovechar de un proceso pobremente definido y con un Occidente satisfecho con la caída del poder soviético y, a la vez, engañado en el pensamiento de que Rusia se estaba transformando en una democracia constitucional.

La segunda fase fue una reacción a la primera. Los estragos de Yeltsin no podían continuar. En gran medida Rusia no estaba funcionando. La única estructura que había sobrevivido a la Unión Soviética y que continuo trabajando fue la de los servicios de seguridad – incluso seriamente degradados por los esfuerzos de Yeltsin. Servicios de seguridad que se beneficiaron de la acumulación de riqueza originada en el proceso de privatización, lo que les permitió no sólo conservar el poder que tenían en la Unión Soviética, sino también aumentarlo drásticamente. Al mismo tiempo, surgió una clase de oligarcas y los dos grupos oscilaron entre la competencia y la cooperación.

Rusia no podía continuar como antes. Se hundía en la extraordinaria pobreza, peor que durante la Unión Soviética. Hubieron regiones que buscaban romper con la Federación de Rusia, que tenía poco o ningún prestigio internacional.

Los Estados Unidos y la OTAN libraron una guerra en Kosovo ante una debil oposición rusa, que se opuso a la guerra porque Serbia era un aliado y porque uno de los principios en Europa desde la Segunda Guerra Mundial fue que no debían producirse cambios en las fronteras, algo sagrado debido a que las fronteras fueron uno de los orígenes de la guerra. Los deseos de Rusia no se tuvieron en cuenta.

Como Serbia no se derrumbó  a causa de los ataques aéreos y la guerra desbocó sus cauces, se consultó a los rusos para negociar su fin. A cambio, se les prometió un papel importante en el manejo de la post-guerra de Kosovo. Eso no sucedió, el futuro de Kosovo se convirtió en un asunto de decisión entre Europa y América.

Influencia es algo que no se da a un país. Se tiene influencia en función al poder, porque las consecuencias de ignorar sus deseos acarrearían resultados inaceptables. En 1999, Rusia había llegado al punto más bajo de su influencia.

Putin retrotrae a Rusia

Era lógico que un hombre como Vladimir Putin surja del caos de la década de 1990. Putin estaba profundamente arraigado en la KGB y en el viejo aparato de seguridad. Durante su estancia en San Petersburgo se había relacionado con los oligarcas emergentes y con la nueva generación de reformistas económicos. Putin entendió  que para revivir Rusia dos cosas tenían que suceder. En primer lugar, los oligarcas tenían que ser intimidados para alinear sus actividades al gobierno ruso. Les debía mucho para tratar de romper, pero no tanto como para permitirles continuar el saqueo de Rusia.

También comprendió que tenía que poner orden en la economía, tanto por razones de política interna y externa. Rusia tiene enormes reservas de energía, pero era incapaz de competir en los mercados mundiales de la industria y los servicios. Putin se centró en la única ventaja que Rusia tenía: la energía y los productos básicos. Para ello tuvo que tomar un cierto grado de control de la economía – no el suficiente como para volver a Rusia al modelo soviético, pero sí para dejar atrás el modelo liberal que Rusia pensó tenía. O dicho de otra manera, para dejar atrás el caos. Su instrumento fue Gazprom, una empresa dominada por el gobierno con la misión de explotar energía con el fin de estabilizar el país y crear un marco para su desarrollo. Al mismo tiempo, mientras Putin retrocedía en el liberalismo económico, también impuso controles sobre el liberalismo político, limitando los derechos políticos.

Este proceso no sucede de la noche a la mañana, fue algo que evolucionó durante más de una década. El resultado final es una Rusia que no sólo se estabilizó económicamente sino que también adquirió una nueva influencia en el mundo. Para Putin, las consecuencias de la libertad política y personal representaban  un precio muy alto a pagar. Desde su punto de vista, la libertad de la década de 1990 había dañado a Rusia enormemente. Putin quería crear una plataforma estable para Rusia para protegerse del mundo. El temor a la desintegración, con el apoyo de las potencias occidentales en su mente, había que invertir. Y Rusia no podía simplemente ser ignorada en el sistema internacional a menos que Rusia estuviera dispuesta a continuar con su posición de víctima.

La producción de energía creó una base económica que el gobierno podía utilizar para poner fin a la erosión de la vida económica en todo el país. También le dio a Rusia una palanca que le aseguró que no sería ignorada. Las ventas de energía a Europa se convirtieron en parte esenciales de la vida económica europea. Alemania, por ejemplo, necesitaba energía para mantener su economía. Siempre existía la posibilidad que Rusia corte sus ventas. En varias ocasiones, el flujo de energía se cortó cuando surgieron desacuerdos entre Moscú y los países de tránsito, Bielorrusia y Ucrania. Como los rusos desarrollaron mayores reservas se hizo más fácil para ellos soportar el costo de un mes de duración de interrupción que para Alemania.

Por lo tanto, Alemania y el resto de Europa dejaron de ser indiferentes a Rusia. No podían permitirse el lujo de descuidar los intereses rusos. Durante la Guerra Fría, Rusia había sido pobre pero con gran alcance. Después de la Guerra Fría, había sido pobre y sin poder. Putin le devolvió un mejor lugar y poder internacional. Fue indiferente a los molestosos reclamos de los liberales urbanos por mayores derechos individuales. Si bien su efecto fuera de Moscú y San Petersburgo es menos claro, su popularidad sigue siendo alta fuera de las grandes ciudades.

Una estrategia rusa emergente

A medida Europa lucha con sus problemas internos y China se ocupa de sus problemas económicos, Rusia alcanza una posición de influencia regional importante – influencia que Putin está tratando de aumentar de forma sistemática, siguiendo una política que podríamos llamar “el expansionismo comercial”. Los tanques rusos no están dispuestos a resucitar antiguos satélites soviéticos, como lo hicieron en Georgia, pero la debilidad de Europa ha obligado a estos países a depender menos del resto de Europa y tratar de hacer frente por sí mismos. No se puede confiar en los Estados Unidos, donde el único tema de la defensa antimisiles ha creado malestar considerable. Siguen siendo desconfiados de Rusia en extremo, sin embargo tienen pocas opciones, y los rusos están siendo meticulosos en asegurar que las relaciones comerciales no se vean como un medio de control político.

Los intereses de Rusia están orientados a aumentar la propiedad de los recursos energéticos y de una serie de otras industrias. Debilitado por la crisis europea, joint ventures, adquisiciones y acuerdos de ventas se están firmando en silencio por todas partes. La mayoría son pequeños, pero son las pequeñas relaciones con las economías de Europa del Este las que están incrementando los intereses rusos. Dada la forma en que Rusia está manejando su economía, incluso las pequeñas empresas deben alinear con la estrategia general y la estrategia general es que cualquier emprendimiento deba tener sentido financiero, lo que da como resultado el incremento de la influencia rusa.

Esto no se limita a los antiguos satélites. Las empresas rusas, los consorcios energéticos están generando dinero en efectivo y posibilitan lograr acuerdos o coquetear con ofertas de negocios a través de una Europa atribulada con sus problemas. La estrategia es que las relaciones comerciales engendrarán presión interna para evitar la confrontación con Rusia en materia política, dando formulación a su política exterior.

Esta estrategia crea una nueva dinámica en las relaciones de Rusia con los Estados Unidos. Durante la era soviética y bajo Putin, la estrategia de Rusia hacia Estados Unidos ha sido la de generarle problemas en diversas áreas con el fin de obligar a Estados Unidos a desvanecer su  poder y llevar a Washington a una sobreexposición. Vietnam es un ejemplo de esto. Para Putin  el ámbito de actuación es el Oriente Medio. Las guerras en Afganistán e Irak han sido regalos a los rusos. Los estadounidenses estaban disminuidos, creando una ventana de oportunidad para los rusos para recuperar su equilibrio, reconstruir su sistema y, cuando se presente la oportunidad, expandir su poder.

El fin de las guerras en Afganistán e Irak no estaba en el interés de Rusia. Moscú se beneficiaba, con algunos de los costos, de la preocupación EE.UU. en el mundo islámico. Por lo tanto, los rusos han jugado un papel en Siria e Irán, esencialmente estimulando a los estadounidenses a continuar su política en Oriente Medio, aliviando la presión sobre los rusos. Los Estados Unidos han respondido con mayor presión para detener el apoyo a Bashar al Assad y los iraníes. Los rusos se negaron.

La nueva guerra fría

Dando un paso atrás, se ve a Estados Unidos procurando desvincularse del proceso que normalmente sigue a las guerras estadounidenses. Esta separación se produce al mismo tiempo que Europa atraviesa una crisis económica interna que ha creado una crisis institucional. Esto ha creado oportunidades a los rusos para aumentar su influencia en Europa mientras Estados Unidos está tratando de encontrar su propio equilibrio. Los rusos están interesados en mantener potenciales crisis en Medio Oriente que los estadounidenses podrían verse tentados en participar. Los rusos están también reactivando y expandiendo una red de relaciones con regímenes en América Latina. Existe una larga tradición anti americanista en América Latina en la política de izquierda. Hoy en día, los rusos son apenas izquierdistas ideológicamente, son más bien nacionalistas. Sin embargo, la capacidad de crear tensiones entre Venezuela, Ecuador y Bolivia y los Estados Unidos cuesta a los rusos poco y les da enormes beneficios.

El asunto Snowden debe verse bajo esta luz. Hay muchos temas involucrados en el caso Snowden, desde asuntos constitucionales de Estados Unidos hasta obligaciones de personas. El asunto Snowden tiene también este contexto: un americano con acceso a material altamente clasificado ha desertado a Rusia. Los estadounidenses lo quieren de vuelta. Hace diez o 15 años podía haber sido devuelto, pero ahora no. Si los rusos lo regresaran, todos los otros potenciales desertores estadounidenses podrían decidir no confiar en Rusia. Si un equivalente ruso desertara a Estados Unidos, es poco probable que sea devuelto a enfrentar un juicio. Pero la deserción pudo ser mucho más tranquila, por razones que van más allá de su control, o tal vez no, esta defección no se pudo esconder.

Pero sirve para dos propósitos. En primer lugar, crea una crisis política en los Estados Unidos y entre los Estados Unidos y sus aliados. En segundo lugar, Rusia se alinea con los grupos defensores de derechos humanos (internacionales y dentro de la propia Rusia) que han condenado Rusia por violar los derechos humanos. Rusia ha creado una equivalencia moral en materia de derechos humanos con Estados Unidos, valiosa en su guerra política con los Estados Unidos. El asunto Snowden es en este nivel un asunto menor. Pero no hay oportunidades demasiado pequeñas para ser explotados ahora.

No hay peligro de confrontación militar ahora o tal vez nunca. Pero los rusos están utilizando la crisis económica europea y las tensiones entre europeos y estadounidenses para proyectar poder – comercial, en este caso – en Europa y para separar a los europeos de los estadounidenses en la medida de lo posible y poner a Estados Unidos a la defensiva.

Los rusos no son agresivos desde su punto de vista. Sufrieron una afrenta permanente en 1991 cuando los Estados Unidos aprovecharon todas las oportunidades para explotarlas a su favor, desde Kosovo, Ucrania a los países bálticos. Durante un tiempo pareció que los Estados Unidos tendrían éxito en romper el poder ruso de forma permanente, si no fuera por 11/9. Rusia se ve a sí misma creando un ámbito de seguridad para protegerse y hacer valer sus intereses como gran potencia.

Los Estados Unidos todavía no han definido su política hacia Rusia. Siguen mirando el comportamiento de Rusia como acciones aisladas que no forman un todo coherente. Siria, Irán, Europa Oriental y Ecuador se ven como tentaciones rusas, no como una estrategia. Pero ahora se trata de una estrategia – una estrategia de búsqueda de medios para atar y distraer a los Estados Unidos, mientras Rusia crea una nueva realidad en su periferia y en especial en Europa.

Los Estados Unidos pueden permitirse el lujo de estar confundidos. Se trata de un enorme poder con el tiempo suficiente para reaccionar. Rusia es en última instancia un poder débil. Su ventaja está en la energía, que depende del precio y del desarrollo de fuentes alternativas de energía y clientes. La reafirmación de Rusia se basa en fundamentos débiles y dudo pueda mantener su juego. La Unión Soviética era mucho más fuerte que Rusia hoy, y no pudo sostenerse. Tampoco podrá Rusia.

Pero por ahora, Rusia tiene un juego de gran alcance. Lo de los izquierdistas de América Latina no es realmente importante. Estados Unidos no será nuevamente absorbido en el Oriente Medio, dos guerras son suficientes. Pero lo que los rusos están haciendo en Europa del Este puede transfigurar Europa lo suficiente como para desafiar los intereses estadounidenses. Es difícil ignorarlo. También es difícil reaccionar ante esta realidad. Este es el problema de Estados Unidos. Por ahora no tiene buenas opciones.

Esta es una de las razones por las que el presidente Barack Obama está considerando cancelar la cumbre de septiembre con Putin. Snowden es la excusa y una parte de ella, pero no es sólo eso. Los Estados Unidos están en proceso de llegar a un acuerdo con Rusia, un adversario que está mostrando una estrategia bien fundamentada y efectiva dentro de los límites de sus recursos, por la que los Estados Unidos no tienen una posición clara. La última cumbre no logró nada. Podría ocurrir lo mismo con ésta.

En los próximos 100 años, expuse una secuencia en la que Europa y China se debilitan. Argumenté que el poder que podría surgir de este debilitamiento sería Rusia y acabaría en una pequeña Guerra Fría con Estados Unidos, que adolecerá de capacidad para sostenerse durante una generación. Pero lo vi como el sucesor más importante en el mundo de la post Guerra Fría. Creo que estamos allí. No es una guerra fría, pero es algo más que un poco de frío. Y se convertirá en una característica central del sistema internacional.