Agosto, mes de la Madre tierra y los incendios forestales

Por Cristina Iratxe Nina Diego
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Incendios forestales Chiquitanía

Bolivia celebra cada mes de agosto el ritual dedicado a ofrendar tributos a la Madre Tierra –a través del preparado de mesas-, como agradecimiento a su fecundidad. Agosto es el mes de challa en el campo, el período donde la tierra necesita fortificarse después del desgaste causado por el invierno y, entonces, “se abre” para recibir las ofrendas de los creyentes a cargo de amautas o sabios espirituales.

La fe en la Pachamama rebasa el origen étnico y se practica la challa en áreas rurales como urbanas.  La Waraco Apacheta, ubicada a una hora de El Alto; la cumbre que se encuentra de camino hacia los Yungas y el cerro de Pajchiri son algunas de las ubicaciones más concurridas por los creyentes para llevar sus mesas, prenderles fuego y luego enterrar las cenizas en el lugar, todo esto acompañado de cerveza, vino y alcohol, con cantos de fondo para festejar el ritual.

Toda esta tradición de fe y agradecimiento a la madre naturaleza por sus bondades finitas resulta incongruente con el reiterado escenario de incendios forestales que se agudizan desde hace al menos tres años y que se han convertido en un grito desesperado de luto y una constante alerta.

En 2019 durante los incendios que se registraron en el Bosque Seco Chiquitano en Santa Cruz, fueron consumidos por las llamas más de seis millones de hectáreas ricas en biodiversidad. El fuego estuvo a punto de alcanzar la Reserva Natural Tucavaca. Allí existen 554 especies distintas de animales, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 de peces. En Tucavaca hay, además, 35 especies de fauna y más de 55 plantas endémicas que solamente existen en este lugar en todo el mundo.

El incendio se localizó en las regiones tropicales del Bosque Seco Chiquitano, la Amazonia boliviana y el Pantanal occidental, que afectó a poblaciones como Roboré, Puerto Busch y San Ignacio de Velasco, entre las ocho regiones implicadas directamente en el departamento de Santa Cruz y también en el departamento del Beni.

Este año, mientras se escribe esta nota, más de 150.000 hectáreas de bosques y pastizales se están quemando en Santa Cruz, en localidades como Roboré y San Matías, cerca de la frontera con Brasil a causa de la deforestación y los asentamientos humanos que buscan el incremento de actividad agrícola.

El Dr. Fassbender en su libro la Química de los suelos (1975), indica que la quema de la madera, tallos y los restos de hojas y ramas produce un calentamiento elevado de la superficie del suelo, que afecta al mantillo, lo destruye, en parte, y disturba diversas propiedades del suelo, especialmente los elementos nutritivos y a los microorganismos.

Otra de las consecuencias temibles de la quema indiscriminada de los bosques, afecta directamente el hábitat de los animales que son alcanzados en sus madrigales por el fuego, además, cientos de variedades de aves quedan atrapadas en los árboles de los bosques. Los incendios forestales también ponen en riesgo a las comunidades indígenas y originarias, ya que vulnera las oportunidades y estilo de vida de sus habitantes, puesto que su bienestar depende de sus recursos naturales y la armonía de su ecosistema.

 

Las riquezas de la Madre Tierra que vamos menoscabando

Según las Naciones Unidas, Bolivia se encuentra entre las 17 naciones con mayor biodiversidad del mundo. También está entre los 10 países más diversos en cuanto a animales vertebrados, (aproximadamente de 3 000 especies), y se encuentra entre los 10 primeros países del mundo que cuenta con gran variedad de plantas (40 000 especies). Los bosques naturales en Bolivia, son la mayor riqueza, abarcan un área de 53.4 millones de hectáreas, que representan el 48 % de la superficie del país y el 1.28 % de la superficie mundial.

En el centro de América del Sur, Bolivia se caracteriza por una heterogeneidad climática, estructural o geológica significativa y una notable diversidad biogeográfica, representando la confluencia de cuatro regiones biogeográficas (Amazónica, brasileño-Paranaense, Andina Tropical y Chaqueña) y de diez provincias biogeográficas (Navarro y Maldonado 2002; Navarro 2011; Rivas-Martínez et al. 2011). Además, el territorio boliviano incluye las cabeceras hidrográficas de dos cuencas principales de Sudamérica: Amazonas y La Plata (Abell et al. 2008).

Cada una de estas características hacen de Bolivia un paraje de inmensa riqueza en fauna, flora, minería y variedad climatológica que se festeja y agradece en agosto a la par que se desmantela y devasta.