Carlos Valverde: “Como la Cruz Roja busca sangre, las mujeres cruceñas alimentan el machismo”  

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Revista Metro. Mayo 2007
Foto: Revista Metro. Mayo 2007

Entrevista a Carlos Valverde

El periodista expone en esta entrevista realizada por la revista Metro del Grupo Express Press, otra faceta de su vida en la que habla de sus pasiones más allá del periodismo. La entrevista se realizó en 2007.

Carlos Valverde se considera un periodista independiente. Dice lo que piensa, sin sentirse que es dueño de la verdad. No se ruboriza al decir que de vez en cuando usa Viagra y que fumó marihuana. Es crítico sobre el formato de los noticieros de televisión. “Hay canales que abren su programación a la seis de la mañana con la información de que llegaron putas nuevas a Cesar Palace”, (NdR: un antiguo night club que amenizaba las noches cruceñas).

Critica: “Eso es prostitución no es otra cosa”. METRO estuvo con Valverde en su productora en Santa Cruz. Es una casa modesta ubicada en el centro de la capital. Mientras hablamos matea de un poro. Reivindica que vota en blanco para ejercer su derecho al disentimiento.

Revista Metro. Mayo 2007

Revista Metro. Mayo 2007

Metro: ¿Conoces personalmente a Evo Morales?

Carlos Valverde: No, nunca he estado ni siquiera cerca de Evo Morales.

Metro: ¿Qué impresión tienes de él?

C.V.: Evo Morales …mi impresión de él… creo que es un hombre honesto y honrado, muy inteligente e intuitivo, poco formado, pero, con gran capacidad de aprendizaje…tiene viveza criolla, lamentablemente eso no sirve para gobernar, hay carencias que no se tapan con intuición y, creo que ahí está el problema del gobierno y de la gestión.

Metro: ¿Llegaste a estar a solas con Álvaro García Linera?

C.V.: A solas, no, en mi estudio de TV hemos conversado a nivel de amistad sobre temas políticos y alguna vez alguna cosa personal, pero, sólo con él, no.

Metro: ¿Qué impresión tienes de él?

C.V.: Es muy inteligente y formado, tengo la impresión de que le cuesta relacionarse con la gente; su trato con ella es forzado, se me antoja que prefiere sus libros y sus coloquios, al final de cuentas, pensar es un ejercicio cotidiano, entiendo que esa, es la cotidianeidad de Álvaro.

Metro: ¿Has recibido llamadas que te insinúan que modifiques algún comentario, tu línea editorial por decir algo?

C.V.: He recibido llamadas aclaratorias o al menos eso era lo que las mismas pretendían, pero, nunca para que “no diga algo”. Eso sí, alguna vez la explicación me parece coherente, la asumo como parte de la necesidad de escuchar que tenemos para poder decir las cosas al público, pero llamadas, no.

Metro: ¿Te postularías a algún puesto público?

C.V.: No, ya lo hice a unas elecciones municipales con sigla prestada (FRI), según la prensa con una de las mejores propuestas apenas logré 2.705 votos, incluido el mío, así que, no es ese mi lugar.

Metro: ¿Aceptarías una invitación del MAS para ser ministro en el área de comunicación?

C.V.: No, yo no sé ser portavoz, me molesta tener que explicar lo que alguien quiso decir, no soy interprete de nadie, además no creo que me inviten, porque saben que pese a que en determinado momento nuestras visiones se juntan en otras son muy diferentes.

Metro: ¿Qué otras habilidades tiene Carlos Valverde?

C.V.: Soy músico frustrado (ríe). La verdad es que cantaba en los festivales de música intercolegiales donde se tocaba la música latina. Nosotros introducirnos el rock y fue una novedad. Tuve un grupo de amigos con los que trajimos el rock nacional argentino en el año 1975. Recuerdo que introdujimos en los festivales la “canción para mi muerte” de Sui Generis y sin saberlo lo hicimos el día que este grupo hacia su despedida en el Luna Park de Buenos Aires. Nos invitaban a todos los colegios a seguir tocando y lo hicimos durante algunos meses. Y bueno nunca aprendí a tocar un instrumento, por eso digo que soy músico frustrado. Le doy a la armónica un poco, pero no como para hacer una presentación. Mucho me gusta la música, me gusta escucharla.

Metro: ¿De qué generación eres?

C.V.: De los setenta, claro.

Metro: Hay un cierto renacer de la generación de los setenta, en política, arte, en la sociedad en general. Es una generación algo frustrada que ahora quiere retomar ideas y posiciones. ¿Cómo captas ese proceso?

C.V.: Los músicos de los setenta tenían mucho que decir. Eran muy talentosos. Te hablo de Dylan que lo inspiró a Lennon por ejemplo. Quiere decir que Bob dejó algo para nosotros. La época de los setenta no se vivió mucho en Santa Cruz, se vivió mucho más en La Paz. Acá había el rock en castellano o la música moderna en castellano de Enrique Guzmán y los Tip Tops de México, Sandro y los locales que eran Los Dalton y Los Vándalos.

A nosotros los chicos no nos dejaban entrar a los locales de baile y tuvimos que mirarlos por la ventana. A mí lo que me impactó fue ir a La Paz y encontrarme con Wara, por ejemplo. Me cambió totalmente la visión que tenía de la música. Yo hacía el cover de Uriah Heep. En La Paz pude ver a Clímax. Después de tenerlos por treinta años me di el gusto de traerlos acá a Santa Cruz. Y le dimos tanto, tanto a Clímax en mi programa de radio que fue una sensación. Me introduje y me zambullí en La Paz en todo esto. Sobre todo, en rock pesado. Definitivamente me quedo con el rock pesado setentista.

Metro: ¿De ahí viene el arete que llevas?

C.V.: Nooo… el arete viene un poco después. Hace veinte años que lo tengo.

Metro: ¿Qué quiere decir que uses arete?

C.V.: Que soy libre. Que me lo pongo porque me da la gana. Eso, que soy libre. No tiene una filosofía específica. Un día mi padre me preguntó ¿por qué usas arete? Y le contesté: ¿y tú por no lo usas?

Metro: ¿De tu padre se conoce su rebeldía, es el carácter de los Valverde?

 C.V.: No he vivido mucho con mi padre. Me acuerdo que cuando cumplí 21 años, nos reunimos toda la familia en un almuerzo. En esa oportunidad sacamos la cuenta de cuánto tiempo él vivió con nosotros por su condición de exiliado. A mi edad de 21 años él había vivido 16 años de exilio político. Tengo muy buena relación con mi padre.

Vengo de una familia donde nos gusta hablar fuerte, a la gente de afuera les parecería que nos vamos a matar, en realidad estamos conversando nada más. Mi madre canta muy lindo y con sus dos hermanas en los años cincuenta cantaban en las verbenas. Las hermanitas Bravo eran cantoras. Mis tías tocan acordeón y guitarra, mi madre canta. Así que vengo de una familia de músicos.

Metro: ¿Cómo empezó tu carrera en televisión?

C.V.: Paolo Agazzi, cineasta y amigo, me hace una prueba para participar en estudio abierto y así es como empiezo con la televisión. Después paso algo que nunca pude entender y descubrir. Después de siete meses de conducir un programa en ATB de Garafulic me echaron.

En pleno programa me dijeron si quieres te vas. Frente a tan agradable invitación dejé el micrófono en la mesa y me fui. Después me dieron unas explicaciones del tipo que yo escribía en otro periódico, que era incompatible. Eran estupideces, escribía durante muchos años en El Deber.

Metro: Como pocos, Valverde lanzó un CD de música titulado “Cinco años de historia”. que recoge interpretaciones de los años 60 y 70. Hablemos de la producción.

C.V.: Gran parte de la música elegida no me gusta, pero ahí está, se vendió todo. Está Palito, Sandro, Leo Dan. Cuando uno hace la música con historia, no puede dejar de mencionarlos a ellos, pero no están ahí porque me gusten si no porque son parte de historia.

Metro: ¿Eras desde chico rebelde y travieso?

C.V.: Sí, me expulsaron hasta del kinder. Mi madre dice que yo nunca tuve tranquilidad en ningún lado. Era muy fregado, insoportable. No tengo dos años en un mismo colegio secundario. Las molestaba a mis hermanas todo el tiempo. Como familia somos muy cruceños con las costumbres típicas desde comida hasta la forma como nos reunimos con amigos. Somos muy críticos en la relación a la sociedad cruceña. Hemos tenido pleitos con los grupos de poder, con las logias. No estamos en fraternidades, cosas de grupos. Sólo tengo mi comparsa a la que me junte hace cuarenta años, nada más.

Metro: ¿Cómo es tu familia?

C.V.: Mi hijo Carlitos se me parece, tampoco era un alumno muy aplicado. Lo único que les pido a mis hijos es que no sean ladrones, ni mentirosos ni deshonestos, nada más. Después cada uno es libre de elegir su camino. No importa si quiere o no estudiar pero que no robe y que trabaje porque yo no voy a mantener la ociosidad. Nada más les pido. Tengo una hija que estudia periodismo en la Católica y la menor quiere hacer cualquier cosa que sea relacionada con el arte o el servicio social. Mi mujer es divina, ella nos pone en orden porque somos unos desordenados todos.

Metro: ¿Se insinúa que el hombre cruceño es machista?

C.V.: Creo que las mujeres han asumido el machismo de los hombres en Santa Cruz. El machismo es asumido y practicado, salvo tal vez las nuevas generaciones y algún grupo de señoras que tratan algunas cosas de forma distinta. Acá las mujeres impulsan al machismo. Como la cruz roja busca sangre para las transfusiones, así las mujeres cruceñas alimentan a los hombres con el machismo. Y lo transmiten de generación a generación.

Metro: ¿Cómo reacciona la gente a tus críticas?

C.V.: Por las críticas que hago a las costumbres de la sociedad cruceña he provocado molestia en mucha gente. Me hago la burla, me río de las costumbres. No hay mala leche en la crítica y la gente termina riéndose. Eso pasa con el programa “Dame cámara” donde criticamos a los colegas periodistas; ayer me llamó una chica para que por favor no la saquemos. ¿Cómo sabes que te vamos a sacar? le dije. “Dije algo que tú puedes criticar”, y le respondí:” entonces no lo digas, no lo digas porque si dices burreras lo vamos a mostrar”.

Algunas cosas son graciosas, pero duelen. Por ejemplo: le hicimos una  recomendación inevitable a Carla Morón (ex magnífica) a Fermín Zavala (periodista deportivo). Se dicen tantas estupideces en los programas de televisión, que yo sinceramente espero tener en el futuro una televisión más seria. No se puede mezclar farándula con noticias, porque eso confunde mucho a la gente, sabes es un tema de dominación. Vas controlando a la gente, la manipulas, le dices lo qué debe ver, cómo y hasta dónde.

Después de mostrar un accidente grave, pasamos a la sábelo todo y nos presentan después las nalgas de no sé quién. Creo que eso es un tema serio, y no se debe permitir ese tipo de programación. Al menos en la televisión cruceña que es la que más veo eso es un tema grave. No comparto eso, pero bueno, cada uno hace lo que mejor sabe hacer. Entiendo que los canales lo hacen para buscar una planilla alta y mantener espacios de poder. Un canal de televisión le da espacio de poder al empresario que maneja Unitel o ATB o Red Uno, y aunque los gobiernos los golpeen y los critiquen, finalmente no se atreven hacer con ellos lo que hacen con los empresarios que tienen menos poder y son más chicos. Y eso no sólo funciona acá, eso hay en Argentina o donde vayas podés ver ese poder. Yo quisiera ver noticieros que informen y pare de contar.

Metro: ¿Lograste éxito con tu programa “Sin letra chica”?

C.V.:  El éxito a toda costa no me interesa. Yo no soy ejemplo de nada, pero creo que vivir y trabajar en función a tus principios. Existen cosas que uno puede hacer, pero nada lo debe parar a uno a seguir sus ideas hasta verlas realizadas. Ya nadie inventa nada acá, se trata de informarse, ver como hacen otros y tratar de adaptarse. Puede ser que mi programa “Sin letra chica” es único. Sucedió por que las circunstancias hicieron que sea así, porque a mí me hubiera gustado tener a los dos panelistas que tenía al principio.

No hay duda que soy una persona efusiva no tengo freno y como que los opacaba. Entonces nos dimos cuenta que esa forma de panelista no iba a dar resultado. Veo y grabo nueve noticieros al día, grabo programas de radio, leo periódicos, navego en internet, me gusta leer revistas. Leo tanto que es lógico que tenga opinión sobre las cosas que suceden.

Prefiero opinar en vez de hacer algunas entrevistas que serían sin motivo. Tengo facilidad de imaginarme cosas de manera permanente. Tengo cinco programas más en la   cabeza y mi visión es armar una productora para poder trabajar todos los proyectos y dejar la conducción en la televisión.  En la radio nos va muy bien, la verdad es que no nos falta trabajo.

Metro: ¿Los libros que escribiste tuvieron repercusión?

C.V.: Tenía tantas cosas en mi mente, recuerdos, historias y me puse a escribir. Y escribí y escribí y después mis amigos hicieron que estos textos que yo escribía se vuelvan libros y se publiquen. La verdad es que no pensé nunca que eso iba a suceder, que lo que yo escribía serían libros, pero ahí está, se vendieron todos.

Metro: ¿Hablas de tabús para desenmascarar?

C.V.: No sé si lo hago con ese propósito. Aunque creo que nuestra sociedad calla muchas cosas, hay una hipocresía sobre cómo manejamos la moral y todo ello. Las historias que escribo son un poco eso. Al escribir no tengo una fijación de qué resultado voy a lograr. Escribo simplemente, el resto son las reacciones personales de la gente.

Metro: Están de moda los cafés, muchas cosas suceden en estos lugares donde se juntan los políticos y pensadores. ¿Te gusta frecuentarlos?

C.V.: No. Y no es que tenga algo en contra, es más, me gustaría a veces ir, pero lamentablemente o felizmente no tengo tiempo para perder.

Metro:Santa Cruz es una ciudad que creció mucho y está con la economía pujante. ¿Cómo ve Carlos este crecimiento?

C.V.: Feliz, estoy feliz. Creo que Santa Cruz es ahora una ciudad cosmopolita. La Paz lo fue antes, ahora la capital queda atrás. Creo que Santa Cruz tomó el primer lugar y es una ciudad verdaderamente cosmopolita, con todo lo que esta palabra comprende. Los empresarios importantes del occidente vinieron a Santa Cruz y hay una migración importante de todo el país que acompaña el crecimiento económico de la región y hace que el desarrollo sea explosivo y fuerte. Hace sólo unas décadas Santa Cruz tenía todas las características provincianas en sus calles y en sus costumbres. Ahora es la única ciudad cosmopolita de Bolivia. Aunque algunas costumbres provincianas quedan todavía (ríe).

Metro: ¿Hablando de costumbres, participas del carnaval, tus hijos participan de esa fiesta?

C.V.: No tengo nada en contra de carnaval, es más, me parece lindo que la gente se divierta, pero no estoy de acuerdo que se vuelve una obsesión o la única cosa que una persona haga en su vida. Mis hijos no están en eso y no creo que me opondría, no porque me guste o no, sino porque yo dejo a la gente que sea libre. Y que, claro, después cargue con las consecuencias, buenas o malas de su libertad.