I Parte: El día que Luis Arce Gómez enjuicio al Washington Post y a Newsweek

0
12

El pasado 30 de marzo, hace escasos 9 días, murió en La Paz en medio de un estremecedor silencio y en época de la pandemia del nuevo coronavirus el más temible personaje de las oprobiosas dictaduras militares, ésta, en la que él participó, la última antes que el país se embarcará en la democracia. Después de haber cumplido una condena de 20 años de prisión en una cárcel federal de EEUU acusado por narcotráfico, el temible coronel Luis Arce Gómez volvió postrado en una silla de ruedas trasladado directamente a la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro a más de 4.000 msnm. Una de las cárceles más inhóspitas, sino la más alta de todas las que hay en el mundo. Allí el reo que cumplía una sentencia de 30 años de cárcel sin derecho a indulto computables desde cuando regreso al país en 2009 acabó sus días sin pena ni gloria.

En la edición de agosto de ese mismo año dat0s público un reportaje de tapa con él como principal protagonista El poder y el ocaso de Luis Arce Gómez.

El 15 de enero de 1981 a sabiendas que sus días como ministro estaban contados Arce Gómez se lanzó a una aventura siniestra que a la larga le costaría una parte de su condena, hizo tomar por las armas la vivienda donde la alta dirigencia del MIR celebraba una reunión clandestina y ordenó la matanza de la calle Harrington como quedó en el recuerdo de los bolivianos.

Entre el 22 de noviembre y el 2 de diciembre de 1980, pocos días después de haber comandado el sangriento golpe de Estado del 15 de julio de ese mismo año, el ministro del Interior se fue a EEUU dispuesto a lavar su honor puesto en entredicho por las contundentes denuncias de la prensa norteamericana que lo vinculaban con el narcotráfico.

El exmilitar, quien en la dictadura de García Meza estaba a cargo de los paramilitares entrenados por el nazi Klaus Barbie, cumplía en Bolivia una condena de 30 años de prisión y, si sobrevivía a la pena, debería ser extraditado a Italia para cumplir una cadena perpetua por muerte de ciudadanos italianos durante el Plan Cóndor.

El militar estaba seguro que se había ganado un lugar entre la opinión pública; dispuesto a aclarar las denuncias que lo vinculaban con el tráfico de drogas su intensión anticipada era entablar un juicio por difamación contra el diario Washington Post y la revista Newsweek. Sin embargo, el temperamental coronel se dio de bruces con la realidad. En EEUU la prensa apenas le prestó atención. Uno de los pocos que se interesó en él fue el periodista y presentador Mike Wallace que le grabó una larga entrevista de televisión.

Tres meses después de esa entrevista Wallace presentó al ministro boliviano ante una audiencia de 60 millones de telespectadores como el “Ministro de la Cocaína”. Para encubrir su sonado fracaso en EEUU, Arce Gómez se reunió con amigos que habían apoyado su incursión americana y antes de volver al país se registró su visita al monumento del Soldado Desconocido en cementerio militar de Arlington. El departamento de Estado le había denegado esa visita, pero igual asistió el intrépido coronel, rompió la seguridad e invadió casi al asalto el lugar.

Días más tarde el militar boliviano se jactaría señalando “este es el espíritu de un militar boliviano que cumple lo que dice”. Luis Arce Gómez también pronunciaría otra de las frases célebres que quedaron guardadas en la gaveta de los malos recuerdos cuando sentenció tras el golpe de Estado que protagonizó que “los bolivianos deben andar con la biblia bajo el brazo”.

 

Esta historia continuará en dos siguientes capítulos.