Uranio, Tantalio o qué

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Uranio, tantalio o qué

Un cargamento supuestamente de uranio detonó el escándalo. El ministro de Gobierno se dio cita para presenciar el decomiso de dos toneladas de ese mineral radiactivo encontrado en el garaje de un céntrico edificio de La Paz. La movilización de la policía hacía temer lo peor. Se cerraron las arterias de ingreso y se detuvo a los sospechosos, además del chofer de una camioneta destartalada del servicio público y el portero del edificio terminó también detenido. Entre los papeles decomisados se encontró la certificación emitida por el laboratorio de la Universidad Técnica de Oruro (UTO) de que el material tenía 75% de componente uranio. Para sorpresa de los que creen que en el Gobierno no hay elemento preparado, un profesional de alto nivel acomodó las fichas en su lugar. Realizó in situ un análisis y devolvió la tranquilidad en medio del gran susto. Bolivia no explota uranio y el cargamento decomisado tiene menos del 0.05% de material radioactivo. Al día siguiente se aclaró desde Oruro que jamás habían analizado muestras del mineral y que el documento que iba a servir para hacer el negocio había sido falsificado. Se alteraron las firmas de la responsable del laboratorio y se modificaron los valores. Con la aclaración las dudas se disiparon. Se temía en principio que detrás del uranio estaba el Gobierno iraní que ha desconocido resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y continúa realizando pruebas  para fabricar armamento nuclear. O que algún aliado del Gobierno haya utilizado el país a modo de tránsito para trasladar el mineral. Falsa alarma. El caso sirvió para informar que Bolivia posee uranio en porcentajes mínimos en la zona del Precámbrico y para recordar que hace unos 10 años soldados norteamericanos desmontaron un cerro para construir en el lugar el aeropuerto de Potosí y que debajo de las montañas no encontraron lo que buscaban en Bolivia.