Los donativos estadounidenses no son la solución a las tragedias del mundo

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Foto: Damon Winter

Fabienne Jean no solo es la víctima más conocida del sismo de Haití de 2010, sino también el rostro de la reconstrucción y el poder nocivo de las promesas que Estados Unidos no cumplió.

 

La primera vez que vi a la famosa Fabienne Jean, venía cojeando hacia mí lentamente, pero con la elegancia inconfundible de la bailarina que era. Dos años habían pasado desde que los donadores y los medios de Estados Unidos habían convertido a Fabienne en un símbolo de recuperación del devastador terremoto que sacudió a Haití en 2010. Quienes le deseaban lo mejor le habían prometido de todo, desde una nueva casa y una visa estadounidense hasta su propia academia de baile. En aquel momento, ella mantenía las esperanzas. Sin embargo, nada de eso sucedería.

La última vez que vi a la famosa Fabienne Jean estaba sentada sin hacer nada en su apartamento en un sótano de Puerto Príncipe, sin poder trabajar ni bailar, aún nostálgica por su breve encuentro con la generosidad estadounidense. Sacó su teléfono y empezó a ver fotos. “¿Viste esta, Jacob?”, me preguntó mientras reía y me mostraba una foto de ella posando en una playa de Florida. Once meses después, falleció.

Antes del desastre, Fabienne, una artista del Teatro Nacional de Haití, había bailado sobre el escenario con algunas de las bandas más importantes del país y había lucido atuendos extravagantes en desfiles del carnaval. Pero el terremoto derrumbó un muro de concreto sobre ella, el cual aplastó su pierna derecha. Para salvarle la vida, doctores estadounidenses provenientes de Nueva York le practicaron una amputación por debajo de la rodilla. Fabienne pensó que nunca volvería a bailar.

Pero pocas semanas después, un hombre de Nuevo Hampshire le prometió lo contrario. El sujeto, dueño de una compañía de prótesis, había viajado a Haití para ayudar a los amputados del terremoto. Se sintió cautivado por el espíritu optimista de Fabienne y le dijo que la ayudaría.

 

El mundo estaba desesperado por recibir buenas noticias de Haití. Por el terremoto habían muerto entre 46.000 y 316.000 personas, la mayoría en cuestión de minutos, lo que lo convirtió en uno de los desastres naturales más letales de la historia moderna. Fabienne fue una de las incontables víctimas sobrevivientes que resultaron heridas, y una de los 1,5 millones de personas -casi el 15 por ciento de la población- que fueron desplazadas de sus hogares.

Los estadounidenses se sintieron conmovidos por el dolor de Haití. Una encuesta del Pew Research Center reveló que la mitad de los estadounidenses donaron o planeaban donar dinero para ayudar a la recuperación de Haití. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos prometió una suma increíble de 4400 millones de dólares en ayuda. Para comparar, seis años antes el gobierno estadounidense había ofrecido solamente 350 millones de dólares tras el terremoto del océano Índico que había cobrado la vida de 230.000 personas y desplazado a otros 1,7 millones.

Los estadounidenses también se sintieron conmovidos por Fabienne. Luego de que The New York Times publicó un artículo de primera plana con su historia, los donadores y doctores empezaron a luchar -incluso a competir- para ayudarla. Luego, el Times publicó un segundo artículo de primera plana sobre Fabienne, lo que consolidó su estatus como el rostro más conocido del terremoto de Haití.

Los donadores trajeron a Fabienne a Estados Unidos, donde se le diseñó y obsequió una prótesis. Estados Unidos vio por televisión cómo volvió a bailar por primera vez tras la tragedia: gritaba y se balanceaba marvillada con su pierna ortopédica. En el aniversario del terremoto, el Times publicó otro retrato en primera plana de una Fabienne sonriente, con su nueva pierna descansando triunfalmente sobre su hombro.

Fabienne era la metáfora perfecta de la recuperación. El terremoto le había quitado la pierna, pero los doctores y los donadores estadounidenses habían intervenido para reconstruir su cuerpo y su vida.

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