Strindberg, Malala, los Drones y la fé

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Mientras Pablo viajaba a Damasco, tuvo una visión: Jesús le reclamó la persecución que la cristiandad sufría por su causa y le pidió auxilio en su misión evangelizadora. Tras ello, Pablo se convirtió al cristianismo. Cuando nos enfrentamos a este texto dramático en sí, comprobamos que las sospechas eran ciertas, pues el viaje iniciado por El Desconocido, el protagonista de la obra literaria maestral de Strindberg, Camino de Damasco, desemboca en una especie de conversión, después de una intensa crisis religiosa, moral y existencial.

Strindberg viene de una nacion donde la gente camina en manga corta en diez bajo cero. Su fantastica habilidad de adaptarse al frio y muy bajas temperaturas de seguro hablan mucho del resto de su ensamblaje mental. Por eso, no sorprende la perspectiva desde la cual el escrior sueco analiza su caminante, peregrino y su conversion. Soledad, doble personalidad y  regreso al punto de partida después de un camino de búsqueda. El principio de la era expresionista. Al parecer, el peregrinaje y el viaje en si sucedio dentro de su mente . No fue real, en el contexto oficialmente aceptado como concepto de lo real. Como si el espacio y el tiempo no existieran. Los personajes son solo símbolos, sin una idenidad definida y sin propiedades ni descripciones.

Si una de las verdades podría ser que la vida es un sueño  y  que las imágenes, música, fotografía, todo lo visual, tiene mayor contacto con lo emocional que la palabra que nos es dada para comunicarnos.  ¿Lo visual junto con las palabras podría ofrecer una imagen completa y real?

Partiendo de esos pensamientos hacia dónde nos lleva la imagen de un niño de trece años Zubair y su hermana Nabile Rehman que  declaró en el Congreso americano en el mes de octubre del año pasado: “prefiero los dias nublados, los días cuando las naves sin piloto  no están sobrevolando. Pues al ver el cielo azul sabemos que retornaran los drones y el miedo…” cuenta el pequeño sobreviviente de una raqueta mortal. Los hermanos Rahman, aprendieron temprano que los salvadores no llegan vestidos de la imagen de la otra pequeña Malala, la premio Nobel de la Paz de este año. Los niños aterrados hablan sobre los sonidos enloquecedores de las máquinas que por horas y horas sobrevuelan los pueblos paquistaníes hasta que un operador en la base en La Florida decide hacer klik con su joystik y la carga mortal se dirige a su meta elegida.

Strindberg vive en los tiempos que rompen la unidad con Dios. Unidad que existía durante siglos. Comienza el expresionismo y el arte de ser Yo ante todo y comienza una nueva estructura social que declara YO SOY DIOS.

Malala Yusufi que fue herida por tres balas en su cabeza tiene el premio Nobel y tiene un sueño: crecer y ser presidente de Paquistán para salvar a su pais. John Stewart cómico, actor, escritor y productor estadounidense  más conocido por su trabajo en el programa The Daily Show, emitido por Comedy Central entrevista a Malala y declara que la quiere adoptar. Lamentablemente John se atrazo. A Malala ya la adoptaron en la Casa Blanca y los salvadores de la OTAN.

Pocos son los niños y pocas las mujeres víctimas de las décadas de guerras y odios que tengan la oporunidad de tomar te con una reina, estudiar gratis en una prestigiosa universidad, tener pasaporte canadience o charlar con Obama. Otros tendrán que confiar en los derechos humanos y otros los inventos globalistas. Zubair y su hermana no fueron invitados al show de Stewart. Ellos tal vez tengan una propuesta laboral ya que ambos tienen más que diez años ya cumplidos.

Strindberg pidió que a su último viaje le pongan el libro de las sagradas escrituras en su pecho. Y asi fue. Abrazado de la biblia fue enterrado. Nuestra valiente e inteligente Malala demostrará  con el tiempo si los sobrenombres que sus compatriotas le pusieron: “herramienta del norte”y  “muñeca americana”,  fueron o no jusificados. Hollywood ya nos contará su verdad.

Entretanto habrá que ver cuántos de los postulados básicos sobre los cuales la humanidad está construyendo su identidad se reducen a una sola palabra: fé.