No se preocupe muchas gracias repiten los seres míticos, las medusas modernas

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Llegaron ayer, hurgaron los ventiles, conectaron y desconectaron medidores. En un idioma casi marciano ordenaron: “¡que nadie utilice agua una hora!”. Rápido casi como un cirujano ante la malignidad cerebral, diagnosticaron: “así no más es, seguirán pagando la cuenta alta mensual de consumo de agua. Si quieren pueden formalizar su queja”, dijeron. Y se fueron.

¿Quejarse? ¿Dónde? ¿Cómo? Pagar es lo más importante. El dinero es importante. Lo más importante. Y cuando el dinero es lo más importante entonces todo es permitido. Participar en las actividades ilícitas bajo venía de algún padrino, dejar a sus empleados sin ingreso, resolver su problema de salud y librarse de la cárcel. Si pueden pagar, pueden vivir, diría alguien.

Culpar a otros capitalistas desde un lugar donde la economía informal esta campeando hace décadas es absurdo. Encarcelar a una mujer para que sea la única pagadora de pecados, mientras sus mentores masculinos están libres de todo, es otro absurdo. El poder del capital es notorio a cada paso. Desde aquel dueño del medidor de agua, hasta el que se apodera de las reservas naturales y otros que, llamándose a sí mismos constructores, destruyen.

La pelea por el poder es, en realidad, la pelea por la caja fuerte de un país, una región, una ciudad. Ni más ni menos. Y, es necesario llenar las cajas. En fin, dicen que en una crisis se revela el carácter. Así como del individuo también a nivel colectivo. Los malos serán peores y los buenos más nobles. Entonces veremos qué lado pesa más. Y hablando de la crisis, aparecieron seres casi mitológicos. De constitución física menuda, pero de formación y carácter duro, impenetrable. Sin embargo, con sonrisa y palabras suaves que repiten: “no se preocupe y gracias, gracias…”

Me preocupo porque no están resolviendo mi problema. No me agradezca, ¡solucione! Trato de razonar, respiro hondo y explico: resolveremos. De nuevo recibo sonrisas, “gracias y no se preocupe” como respuesta de ese ser mítico. No tienen cuernos ni resoplan fuego. Sin embargo, el resultado es el mismo. Como este sol de altiplano que quema y no calienta. Por un lado, hemos demonizado a los globalistas que demuestran abiertamente que como especie son cada vez menos Homo sapiens, y más transhumanistas que barajando la tecnología. Quieren desafiar a Dios viviendo eternamente, al menos en la nube. Nosotros, los partidarios del Gran Despertar, todavía no sabemos en este momento histórico cómo podemos oponernos a la élite global sin ningún recurso, excepto que sabemos que no nos gusta el plan para erradicar nuestra semilla. Y si ni con estos seres míticos locales todavía no sé cómo resolver las cosas, hasta dónde llegaré en el encuentro personal con los globalistas, no la tengo claro. “No se preocupe y gracias, gracias”, me siguen diciendo.

El mes pasado, el periódico alemán Der Tagesspiegel publicó un artículo titulado “¿Covid-19 pone en peligro el suministro de energía?”. Cuando alguien diseña un plan, entonces hay probabilidad de éxito casi al 99%; así como el desarrollo de una pandemia que acaba con el 1% de la población no vacunada, sabe muy bien que el escenario podría predecir una escasez de los suministradores de los que nos proveen de salud, educación, internet, luz, agua… El reinicio de Davos prevé no solo un impuesto adicional sobre cada vehículo personal que continuará produciendo dióxido de carbono hasta 2030, sino también un impuesto sobre la llamada Huella de Carbono de cada Estado, y de hecho un conc-territorio / para recordar campos de concentración / esta vez en la variante de la ocupación económica. Y ahí está dicho en cualquier idioma, significa lo mismo. Quien tiene capital manda y ordena. Y no es nada nuevo diría alguien. No lo es. Y por eso es que preocupa. “No se preocupe, muchas gracias”, me contesta la medusa no sin cierta superioridad y algo de malicia en su voz.

 

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