La abismal distancia entre Evo y Pretoria

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Todos prefieren ignorar en Bolivia la muerte de uno de los personajes que mejor ilustran reconocimiento y perdón. Desde el presidente Morales y su equipo de fieles colaboradores el escenario ha sido la indiferencia y casi un mudo silencio a la muerte de Nelson Mandela.

Hace unas cuentas horas – el martes 11 de diciembre- el jefe de Estado estuvo en la imponente presentación del Dakar 2014 que pasará por Bolivia entre el 12 y 13 de enero. Allí acudió Evo para coronar uno de sus innegables logros: haber incorporado a Bolivia en un evento que se transmite al mundo entero. Se calcula que 300 millones de personas presencian la competencia y que  al menos 20 canales de televisión establecen sus redes de conexión en los países por donde pasa la prueba. Bolivia será vista por el mundo.

En el podio de los triunfadores, el día de la inauguración del Dakar, se los alcanzaba a ver muy contentos a Evo, flaqueado a su derecha por Álvaro García Linera, el ministro Quintana y codo a codo junto al presidente, a su lado izquierdo, el dueño de la competencia, el francés Etienne Lavigne. Un acontecimiento digno del Estado Plurinacional.

El enorme espacio de uno de los salones del Hotel Radisson fue el imponente marco. Grupos de rock, bellas mujeres, bailarines del Tinku, gigantescas pantallas led, motos, cuadras, enormes monumentos del símbolo de la marca Dakar, luces de color, fueron el marco impresionante de la largada de la prueba más competitiva que este año pasará por regiones del Sur del país y si es que las condiciones de navegación lo permiten, recorrerá el majestuoso Salar  de Uyuni hasta alcanzar la frontera con Chile. Un verdadero espectáculo.

Pero un detalle curioso es que cuando Evo y el séquito se retiro del local, un cordón de seguridad se tendió con una destreza impresionante por alrededor de unos 40 agentes de seguridad que se desplazaron para evitar el contacto del jefe de Estado con los asistentes. De allí se retiraron las autoridades en sus movilidades escoltadas por un equipo de motorizados, seguridades y choferes en un operativo superior al Dakar 2014.

Horas más tarde el presidente ofreció una conferencia de prensa en palacio de Gobierno para hablar de Chile y de otros temas de agenda abierta con los periodistas que cubren el área política en palacio de Gobierno. Dos anécdotas en esa comunicación. Evo confesó  que fue engañado por sus similares chilenos; primero por Michelle Bachelet con cuya administración firmó una agenda de 13 puntos que incluía la salida al mar con soberanía para Bolivia que nunca se cumplió y posteriormente por el Gobierno de Sebastián Piñera con el que se enfriaron las posiciones, hasta un punto caso irreconciliable.

Luego el jefe de Estado ingresó a la segunda ronda en la que aceptó preguntas de los periodistas. Uno de ellos le preguntó cómo destinaria el doble aguinaldo que su administración dispuso para la administración pública. Agresivo, el jefe de Estado instigó el atrevimiento con una doble pregunta: a qué medio pertenecía el intrépido y luego contestó con la malicia que lo distingue del resto de los mortales. En la misma conferencia explicó que no había viajado a las exequias fúnebres de Mandela por una confusión -mala información- respecto al día de los funerales del líder sudafricano al que asistieron 90 jefes de Estado además de delegaciones de otros países, diplomáticos y otras celebridades mundiales. Pero además de justificar su ausencia en ese  trascendental acto, aprovechó la ocasión para hablar mal de algunos de los presentes en la cita de despedida en Pretoria. La televisión no puede dejar mentir, se lo vio a Obama saludando a Raúl Castro, hermano de Fidel, a los Clinton, a los Bush. Una gran ocasión donde los hombres de estado cruzan palabras de atención entre todos. Una grata oportunidad para darse la mano.

Evo no estuvo en Pretoria

¿Cuáles los motivos que retuvieron al presidente? Como en cada una de sus intervenciones los rumores no dejan de ganar espacio a la especulación.

Se comenta que en su primera gira internacional – durante aquel famoso primer viaje que realizó Evo como Presidente Electo de Bolivia vistiendo su “chompa” a rayas – cuando la opinión mundial sentía estar frente a  un naciente líder en los Andes sudamericanos que hablaba – con algo que traslucía sinceridad profunda – que nunca había soñado pasar de ser un humilde pastor de ovejas durmiendo bajo las estrellas a ser el primer “indígena” en dormir en hoteles de 5 estrellas, que Chávez le aconsejó incluir en su gira una visita al Irán y crear vínculos privilegiados con Mahmud Ahmadineyad.

Entonces, por influencia del líder bolivariano, Evo hizo una escala en Teherán antes de su programada visita a Sudáfrica donde tenía que ser recibido por Nelson Mandela. Al parecer, la noticia de que Evo estaría previamente en Irán cambió la agenda de Mandela, que suspendió el encuentro.

También se comenta que, hace 4 años atrás, cuando Evo y un equipo de su Gobierno estuvieron en la inauguración del Mundial de Fútbol que se disputó en Sudáfrica, solicitó audiencia con el líder mundial que le fue denegada. Se dijo que Mandela no estaba interesado en hablar con Morales. Fue en todo caso un momento de reflexión y de grandes dudas. Mandela abrazó a sus enemigos para construir la unidad que le valió el boleto que conquistan los grandes personajes de la historia. Evo no estuvo en Pretoria. ¿Qué motivos supremos lo obligaron a quedarse en Bolivia para no plegarse a la delegación más nutrida de mandatarios que se juntaron para despedir a un indiscutible líder mundial? Mandela era querido por todos.

La inasistencia a Sudáfrica refleja algo más profundo. Evo nunca alcanzará el Premio Nobel de la Paz, pese a las campañas que desarrolló los primeros años de su gobierno; tampoco logrará el caudal de adhesión y unanimidad interna y mundial que genera Mandela por su lucha intransigente a favor de la reconciliación y, por otro parte, porque pese al profundo arraigo y caudal de Mandela jamás ambicionó perpetuarse en el poder y en la presidencia de una gran nación, como la sudafricana. Grandes y pequeñas diferencias. Profundas y superficiales diferencias separan a Evo de Mandela.