
Guillermo Mariaca Iturri en la presentación de su libro “El Retorno de los bárbaros”en marzo de 2023 | Foto: Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación UMSA
A mí no me gusta la estadística ni las reglas combinatorias; me llevan a un caos que no puedo controlar. Sin embargo, la Tierra existe desde hace millones de años y el universo, desde mucho más tiempo atrás. Que dos o más personas existan exactamente en el mismo tiempo y lugar es estadísticamente un milagro (y fui víctima de la estadística). Esta frase es el espectro que me acompaña con cada persona que conozco y cuando me entero de que alguien cercano se va.
Y si la llamo espectro es porque se me hace incontrolable: a veces me roba una sonrisa y otras, más de una lágrima. Este año, el espectro se encarnó en el silencio de varias partidas dentro y fuera de mi familia. Sin embargo, sigo aquí para saludar estas ausencias con esa idea.
Esta columna en especial va para un docente que tuve, alguien con quien me tocó repetir varias veces clase (debo reconocer que soy un desastre con la teoría, o al menos lo era). Cuando ingresé a Literatura había muchas cosas nuevas que aprender y algo que no se me daba muy bien era leer teoría y filosofía. Pero me tocó tomar Teoría I con Guillermo.
Recuerdo una infinidad de nombres que ahora rondan el espacio dentro de mi cabeza; ahora, si recuerdo los conceptos, es otra cosa. La idea es que no me atrevía a leer ese tipo de textos, pero en Teoría I o leías o leías. A pesar de que me costó mucho, logré entender un poco y aprobar la materia, pero en sí ahí no está lo significativo de esa clase. Para mí estaba en la oportunidad de pasar la clase.
Debo confesar que iba a esa clase por escuchar hablar a Guillermo. Su sarcasmo siempre me robó una sonrisa, pero también me gustaban sus ideas, que no siempre estaban ancladas en la literatura; traía algunas ideas de la ciencia: «Solo conocemos un 5 % del universo», decía. También algo que siempre apreciamos era cómo solía entretejer proyectos con otras artes: guías de lectura en cómic, trabajar canciones, etc.
La idea era ver la cosa y el entramado para que con ello salgan ideas. Algo importante que me enseñó es tener una «caja de herramientas» que, al final del día, eran esos conceptos útiles que sirven para ver el mundo de una u otra forma y, como toda herramienta, siempre puede apoyarse en otras para cumplir con una labor (pensemos que sus herramientas partían de un concepto generador).
En fin, más allá de ello, recuerdo mi última charla, donde se interesó por un libro que leía: era sobre agujeros negros. De ahí, la charla derivó a algunos teóricos que hablan sobre la terraformación en la arquitectura, pero decía que los más interesantes y oscuros eran los del CCRU. Casi al finalizar me dijo: «Ahora hay que escribir sobre la IA, no importaba qué, pero hay que escribir. Eso de la inteligencia artificial era lo que nos está pisando; se deberían hacer ensayos y ficción en torno a ello». Fue lo último que le oí decir. Fue hace un año y ahora, casi un año después, me tomo el atrevimiento de despedirme de ese interesante, atemorizante y divertido profesor.
La Tierra tiene unos 4.500 millones de años y el universo, casi 13.800 millones. Y pude tropezar de la informática a la literatura para pasar clases con Guillermo Mariaca. Se te va a extrañar.












