Movilización Poselectoral: Culmina la movilización

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Las horas más dramáticas que se vivieron en Bolivia tras 14 años del Gobierno del MAS. Evo renuncia a la presidencia. México le concede asilo político. La ?gura del golpe de Estado discutida por institucionalistas de la región. El caso boliviano como antecedente para las frágiles democracias latinoamericanas.

El domingo 10 de noviembre de 2019 amaneció con un clima enrarecido. A primeras horas de la mañana la delegación de representantes de la OEA y otros países que se encontraban en Bolivia cumpliendo una auditoría integral al resultado electoral por las denuncias crecientes de fraude apuraron un informe preliminar que sugería irregularidades en el proceso y recomendaba nuevas elecciones. Pero ya el sábado 9, para poner más suspenso a la movilización nacional de características dramáticas, sucedieron dos hechos determinantes en el desenlace fatal de la crisis poselectoral. Al promediar las 11:00 hrs el presidente Morales Ayma flaqueado por el vicepresidente García Linera convocó a un “diálogo nacional para pacificar el país”. El pedido fue rechazado casi de manera inmediata y categórica por la oposición. “No sé dialoga con el dictador” fue la reacción de líderes cívicos, políticos y del movimiento ciudadano.

Al finalizar ese mismo día unidades de la policía en Cochabamba iniciaron un amotinamiento táctico desconociendo a Evo y fijando públicamente su posición contra el Gobierno y el fraude electoral. Decisión que fue celebrada con euforia por la población. A medida que pasaban las horas los policías que exigían la renuncia del primer mandatario sumaron adhesiones de otras unidades en todo el país. La rebelión policial se volvió imparable; vitoreados los uniformados en las calles mientras se replegaban en La Paz a la Unidad de Tácticas Operativas Especiales (UTOP) de la plaza Murillo, ganaron reconocimiento en las ciudades.

La noche del sábado caía oscura sobre el Gobierno que perdía su primer cinturón de protección ante la arremetida de los grupos movilizados que exigían la renuncia del presidente. Ese giro determinó un cambio de estrategias de todos los actores involucrados en la movilización. Un golpe muy duro para el Gobierno sin iniciativa para despejar salidas a la crisis institucional que sumaba 18 días de paro.

El domingo, tras conocerse el informe preliminar de la Auditoria de la ONU Evo Morales volvió a pronunciarse al país rodeado de un grupo sui generis de hombres y mujeres del pueblo que constituían su principal fuerza política. En la ocasión, el presidente convocó a nuevas elecciones y la conformación de un nuevo órgano electoral, pero nuevamente la oposición rechazó su propuesta. La respuesta al unísono fue que su convocatoria era extemporánea y se volvió a exigir su renuncia.

El informe de la OEA confería un nuevo factor de poder a la oposición enarbolando el fraude electoral y la falta de claridad del Gobierno para solucionar el conflicto. El pedido de nuevas elecciones propuesta por Morales convergía con una violenta represión de simpatizantes del MAS a un grupo de manifestantes que se trasladaban a La Paz para sumarse a las protestas. En esa emboscada se informó sobre la muerte de un minero y varios heridos.

Al promediar las 16:30 hrs, se produjo un hecho altamente significativo para el desenlace de la crisis. El comandante el jefe de las Fuerzas Armadas William Kaliman leyó un pronunciamiento de las FFAA exigiendo la renuncia del presidente. Media hora más tarde Evo Morales renunciaba a la investidura presidencial desde uno de los ambientes del aeropuerto de Chimoré en el Chapare, donde radica su fuerza sindical de las federaciones de la hoja de coca.

En ese cuadro extremadamente confuso, la policía permitió el acceso a la plaza Murillo de los líderes cívicos de Santa Cruz y Potosí. Fuertemente resguardados, con chalecos antibala por temor a un ataque, ingresaron al Palacio Quemado se arrodillaron en el hall central sobre una bandera boliviana y la biblia; dejaron la carta de renuncia que el líder cívico cruceño había redactado para que firme el presidente.

Fue o no un golpe de Estado

El pedido de renuncia de las FFAA ha tenido varias repercusiones entre quienes aseguran que fue un golpe de Estado y los que afirman que se trató de una movilización popular. Analistas de la realidad latinoamericana opinan que se trató de un golpe de Estado. Aseguran que el mandato constitucional vigente de Morales concluía en enero de 2020. “Por lo tanto la renuncia de Morales en esas circunstancias encaja en la definición más pura de golpe. Instituciones estatales (Fuerzas Armadas y Policía) ´sugirieron´ a su comandante en jefe su renuncia, forzando la interrupción del mandato constitucional que ganó en las urnas en 2014 y culminaba en enero de 2020”. Gustavo González, presidente y CEO de la editora Perfil de Argentina señaló taxativamente en un artículo titulado “Intervención Militar en Bolivia” que “hubo infinidad de golpes de Estado en los cuales participaron los militares, sin que luego estos ejercieran directamente el poder y sin que eso le quite el carácter de golpe” Y puso como ejemplo que en la Argentina, en 1962, también los militares obligaron a renunciar a un presidente civil como Arturo Frondizi y asumió en su lugar otro civil, José María Guido. Sin embargo, no hay libro de historia ni político que considere que eso no fue un golpe de Estado. Y completo: “El golpe constituye una vuelta de tuerca más en el asedio a la democracia liberal, un fenómeno global que desafía a las democracias consolidadas -Trump en Estados Unidos, Brexit en el Reino Unido- y arrodilla a las que tienen débil institucionalidad, como las latinoamericanas”.

En cambio, en Bolivia los líderes de la oposición cerraron fi las en torno a la tesis que se trató de un acto heroico del movimiento popular para recuperar la democracia. El candidato por Comunidad Ciudadana (CC) Carlos Mesa dijo que “quien dice que hubo golpe de Estado miente, fue el pueblo movilizado, la Central Obrera Boliviana (COB), los movimientos cívicos, la oposición política, la Asamblea de Derechos Humanos, el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) quienes le pidieron su renuncia porque ya no podía gobernar con el control total de los poderes y una lógica completamente autoritaria”.

Desde la renuncia de Morales algunas ciudades de Bolivia sufrieron el acecho de grupos que resistían con violencia la renuncia del expresidente. La Paz y El Alto fueron epicentro de aglomeraciones al grito “Ahora sí, guerra civil”, sembrando casos en esas dos ciudades de Bolivia. Esa escalada de violencia duro hasta las 19:00 hrs del lunes 11. Finalmente, las FFAA decidieron salir a las calles para controlar las protestas, garantizar y la paz social. Ese pronunciamiento coincidía con la partida del expresidente rumbo a México que aceptó el trámite de asilo político para el exmandatario.

Luego de un entramado de fuerte tensión política y social y sin quorum en las cámaras legislativas, el martes 12 al promediar las 20:00 hrs la segunda presidenta de la Cámara del Senado Jeanine Añez se proclamó presidenta del Estado de Bolivia, cerrando un dramático período de crisis poselectoral.